martes, 18 de febrero de 2014

Un año siendo celíaca.




No he empezado a escribir esta entrada y ya sé que me va a resultar complicado explicarlo. El pasado día 15 hizo un año que me dijeron que es lo que me pasaba, y en todo este tiempo no han dejado de sucederme cosas tanto buenas como malas.

Aún recuerdo la cara que se me quedó cuando el médico dijo eres celíaca. Me quedé completamente alucinada, y eso que aún no sabía cómo iba a afectar a mi vida diaria. Recuerdo preguntar qué era lo que tenía que hacer a partir de aquel momento, y me dijo que me fuera a la asociación de celíacos más cercana y allí me ayudarían. La cosa empezaba desconcertando, ya que si tu médico no sabe por dónde tienes que empezar, mal vamos.

Yo sabía que cuando comía me hinchaba como un pez globo y me quedaba sin respiración, pero nadie me explicó que es exactamente el gluten ni como actuaba para provocarme eso. Llegué a mi casa y entré en la web de la asociación, a medida que iba leyendo me empecé a enterar de que iban a cambiar los hábitos en mi cocina, porque el gluten lo tiene todo y no solo son harinas, no puedes comer nada que lleve trigo, cebada, centeno, avena….

Por aquel entonces yo solo tenía dudas, y he terminado casi por dominar el etiquetado de los productos, pero siempre me puedo equivocar. Cambié mis hábitos alimenticios y a medida que pasaba el tiempo me daba cuenta de la cantidad de cosas que me iba a perder; adiós donuts y donetes, adiós napolitanas, adiós palmeras de chocolate, adiós gominolas, adiós hamburguesas y pizzas…

Pero esto no es todo, cuando mis amigos decidían hacer un cumpleaños, yo tenía que tener cuidado con lo que iba a comer en sus casa para evitar estar mala durante una semana, y ya, por no dar explicaciones de que podía comer y que no, directamente no iba. Los fines de semana, había plan de cine e ir a cenar, y yo solo elegía la parte del cine, porque no podía ir a la mitad de los sitios a los que antes me encantaba ir, y poco a poco yo sola fui mermando mi vida social porque estás limitado,  (o eso pensaba en aquel momento).





En mi entorno personal ha habido un poco de todo, desde familiares que se desviven por lo que me pasa y se interesan, hasta personas que me han hecho sentir mal insinuando que era un capricho mío y yo una “tiquismiquis” ya que si me invitaban a su casa tenían que hacerme el favor de cocinar todo a parte, y tras varias veces de oír lo mismo dejé de ir a sus casas porque pensaba que era una molestia y me hacía sentir fatal. Algunas veces, en comidas familiares se enfadan porque alguien pone el pan donde no debe, y  me agobio de nuevo porque no quiero que nadie se preocupe, aunque debo decir que me doy cuenta de esas cosas y dejo de comer o como otra cosa, pero no me quejo porque lo entiendo, no es con mala intención. 

Otras veces, soy yo la culpable de comer algo que no debo porque no me doy cuenta (errores de principiante) y algunas veces lo cuento y otras no lo comparto con nadie,  ya que me siento mal estando mala todo el tiempo y teniendo a mi entorno pendiente de mis dolores de barriga, entonces entro en un bucle de remordimientos por haberme equivocado y porque estén pendientes, que es difícil de solucionar.


En casa nos hemos acostumbrado y no es tan complicado. Mercadona tiene mil cosas sin gluten que compras aunque no seas celíaco y en el resto de supermercados también encuentro cosas, pero a mayores he desarrollado un extraño poder pastelero con el que hago tartas, bizcochos, magdalenas, etc… y  de repente un día empecé a ver que hay alternativas, sobre todo a la hora de comer fuera de casa, que las cosas a la plancha (con un mínimo cuidado) o las ensaladas, son alimentos seguros y que después de todo puedo seguir comiendo en los mismos sitios que antes y haciendo la misma vida que hacía antes.

Yo soy de la zona de León y no estamos del todo limitados y quiero hacer una mención especial a Meson el Gromal (Carrizo de la Ribera) donde me como unos platos combinados riquísimos que no me han dado nunca problemas, y si le llevas el pan bimbo, por ejemplo, tienen todos los cuidados y te hacen sándwiches igual que al resto de la gente.  Lo que más puedo destacar es que no tratan de aprovecharse de ti ni te suben el precio, allí me siento como en casa.

¿Qué puedo decir como conclusión final? 

Que llevo un año siendo celíaca, que por supuesto no fue lo mejor que me pudo haber pasado pero tampoco lo peor, he vuelto a recuperar el peso que siempre tuve, mi calidad de vida ha mejorado, ya no me hincho como un globo ni me asfixio, y he aprendido a convivir con ello. Tengo que tener un poco de cuidado a la hora de comer, pero mi entorno lo domina y no les ha costado demasiado, cuando me preguntan yo lo explico sin problemas, (salvo si me vacilan que ahí si me cabreo). He suprimido de mi vida cosas que eran la base de mi dieta (como la comida basura), mi día a día es mucho más sano, y me ha hecho estar pendiente de la cocina, que es algo que me encanta.

Cada día hay más cosas que puedo comer y ahora mismo son muy pocas las cosas que echo de menos, por lo que puedo decir que el balance de un año siendo celíaca ha sido bueno, y me parece algo normal.

Disculpad por el pedazo de texto, no quería explayarme tanto pero no he podido ser más breve.

Jennifer García.