Amistades y vínculos
Por qué no son lo mismo y donde está la diferencia.
Hace unas semanas, en una charla con mi psicóloga, hablamos de que el mundo a veces resulta muy hostil. Fruto de las redes sociales, de los excesos de dopamina que invade nuestros cerebros o de los coloquios en que me veo inmersa en algunas ocasiones, muchas veces llego a casa socialmente agotada.
Soy persona de rumiar pensares, es uno de mis múltiples defectos, y si piensas “no, Jenn, rumiar no es un defecto, es una manera de consensuar decisiones a largo plazo”, mira no. Yo rumio un sinsentido de cosas que otros me dicen o hacen y que, en muchas ocasiones no llegan a nada, en el sentido más amplio de la palabra.
Para que entiendas mejor de lo que hablo, te pongo en contexto. Hace unos meses, una persona me hizo unos comentarios atacando algo que yo había dicho y hecho, y que, unos días después, repitió en el mismo orden. Como podrás comprender, me sentí frustrada, porque le tenía aprecio, y su crítica, lejos de ser constructiva, era todo un ataque con misiles y tanques. Y cómo me imagino que no soy el único ser en la faz de la tierra a la que esto le ha ocurrido, te traigo lo que me hizo comprender Yanet, mi psicóloga, por si pudiera servirte.
1.- Los vínculos sociales son como una diana.
Ella me dijo que las amistades en la vida, son como una diana de dardos.
El aro exterior de la diana: es amplio, espacioso, grande, voluminoso, para poder albergar a mucha gente. Como bien sabes, no todo el mundo te llega, ni en todos puedes confiar. Aquí caben esas personas con quienes te tomas algo de vez en cuando, pero sin mucha vinculación emocional o afectiva. Aquellos que te preguntan como te encuentras (si es que te lo preguntan) y tu les dices que bien, ya que hablar de que estás triste porque en tu telenovela coreana favorita Ying Chung se ha casado con Ming Bang y no con Ling Mao, te parece compartir demasiado sobre tu vida.
Un poco más al centro, pero aun cerca del aro exterior, se localizan aquellas personas con quienes puedes compartir algo más. Alguien a quien facilitas más información sobre ti, que te conoce un poco mejor y con quien puedes compartir más de ti sin pensar demasiado. No todo, pero si una parte importante.
A medio camino entre el aro anterior y el centro, están unos vínculos más cercanos, como amigos de infancia, o relaciones de amistad más consolidadas por los años, de personas que han estado en muchos de tus buenos y malos momentos, que por circunstancias de la vida viven en otros lugares o no os veis tanto como te gustaría, pero que han sido un pilar fundamental en tu desarrollo social, intelectual y madurativo.
Finalmente, el núcleo fuerte, el centro de la diana. Aquí encuentras amistades buenas, cogen una o dos personas a lo sumo, alguien que sabe todo de ti y no te juzga, te cuida, te apoya, te valora y te quiere, te entiende, te suma, te aporta. Con quién la palabra miedo no existe.
Si no dejas tiempo, o desprecias lo que hay en la parte de fuera de tu diana, lo del centro nunca se puede llegar a crear, porque las personas no parte de mil, parten de cero, es decir, una persona te da lo que ofrece y lo hace con cautela, pues nadie es confiado del todo desde el minuto uno y, si es así, corre porque algo no está yendo bien.
2.- Vínculos sociales y familia.
Mi vida no ha sido, ni de lejos, una vida modelo por la que todo el mundo mataría. Vengo de un hogar de clase media-baja, con un padre que trabajaba muchas horas y una madre ama de casa. No fui nunca de vacaciones, tampoco pude estudiar en la universidad cuando todos mis amigos lo hicieron, y tras sacarme el carnet conduje un Peugeot 505 que tenía más año que la pana, por lo que el Ferrari con los 18 tampoco se presentó.
Recuerdo jugar de pequeña con mi hermana a las muñecas en el salón del pequeño piso de protección oficial y tener que hacerlo en bajito para no molestar porque no se escuchaba la televisión. Recuerdo que las dos queríamos ser ejecutivas de una empresa gigante y viajar por el mundo. Nuestra visión de que a los 30 seríamos todo eso y más, nos unía día a día para convertirnos en todo lo que somos actualmente.
Te hago el spoiler para no demorarlo demasiado pero, mis padres se separaron, la empresa en la que trabajé no era multinacional, era inicialmente comarcal y luego algo más internacional. Ejecutiva, ejecutiva no fui, pero si que ejecuté tareas como estar sentada en el suelo bajo mi mesa porque se le soltaban los tornillos y tenía que evitar que se me cayera el ordenador. Lo del Peugeot era lo de menos, porque en 2018 yo seguía trabajando con MS-Dos en el trabajo, por lo que… nada que ver.
En toda esta vorágine, mi diana ha tenido factores cambiantes, personas en el exterior y personas en su interior. Sólo ha habido una constante. Mi hermana Ra. Agradezco que no la conozcas, porque es tan increíble que no ibas a poder pasar sin ella en tu vida un día. Es muchas de las cosas que yo nunca seré.
Es amable, elocuente, locuaz, simpática, sencilla, agradable, empática, guerrera, fuerte, luchadora. Mi relación con mi hermana es la relación más compleja y duradera que ha existido en mi vida. Compartimos infancia, recuerdos, conflictos y complicidad. Pero lo interesante aquí es cómo, con el paso de los años, esa relación se ha ido trasformando en una amistad verdadera.
Cuando éramos pequeñas, éramos compañeras de juego (o rivales), pero al crecer, la relación ha evolucionado y ha aparecido algo más profundo; confianza, lealtad y comprensión mutua. Es ahí donde mi hermana dejó de ser solo familia y pasó a convertirse en esa persona que elijo una y otra vez.
3.- ¿Qué dice la psicología de los vínculos entre hermanos?
Desde el punto de vista psicológico, esta relación ha sido muy estudiada. Autores como Sigmund Freud y Alfred Adler ya hablaban del impacto del orden de nacimiento y la dinámica familiar en la personalidad. Hoy en día, ya sabemos que:
Los hermanos son nuestros primeros “iguales” y con ellos aprendemos a negociar, competir y cooperar.
Influyen en nuestra autoestima y habilidades sociales.
Pueden convertirse en una fuente clave de apoyo emocional en la edad adulta.
Un estudio de la American Psychological Association sugiere que las relaciones cercanas entre los hermanos se asocian con un mayor bienestar emocional y menor sensación de soledad en la vida adulta.
Que mi hermana sea mi mejor amiga, tampoco es una casualidad. Tenemos una historia compartida, una confianza automática, una sinceridad brutal y un apoyo incondicional la una en la otra. A diferencia de las otras amistades de la diana, esta no depende de las circunstancias externas, es mucho más resistente en tiempo y distancia.
4.- Hermanas que han hecho historia.
A lo largo del tiempo, muchas hermanas han demostrado lo poderosa que puede ser esta conexión, logrando cosas increíbles tanto juntas como de forma individual.
Las hermanas Williams: tanto Serena como Venus Williams fueron una revolución para el tenis femenino. Lejos de competir entre ellas, siempre se apoyaron y mostraron al mundo que la rivalidad no está reñida con el amor.
Las hermanas Olsen: desde pequeñas fueron dos iconos infantiles que todo el mundo conoce hoy en día. En la actualidad su relación es muy cercana pero más privada que su infancia. Siguen trabajando juntas y se apoyan mutuamente en lo profesional y lo personal, siempre lejos de los focos mediáticos.
5.- Conclusión
Al final, la vida no deja de ser una diana en constante movimiento. Personas que llegan, que se quedan un rato, que se van, que vuelven… y tú, en medio, intentando entender quién merece qué espacio y por qué.
La psicología puede poner nombre a muchas cosas: vínculos, apegos, desarrollo emocional… Puede explicarte por qué necesitas a unos más que a otros, o por qué hay relaciones que te desgastan y otras que te construyen. Pero hay una cosa que no se puede teorizar, y es esa sensación de hogar en otra persona.
No se trata de saber solo quién está en el centro de tu diana, se trata de quién ha estado ahí incluso cuando ni tu mismo sabías ni que tenías una diana que ordenar. Y quizás de eso va todo esto: de aprender que no todas las personas están hechas para ocupar el mismo lugar en tu vida, y que está bien así. Que cuidar los vínculos también es saber poner límites, aceptar distancias y, sobre todo, reconocer aquello que te funciona.
En mi caso, entre todo el ruido, las dudas y las vueltas que le doy a todo… hay siempre algo que tengo claro y es que pase lo que pase, siempre voy a tener a alguien en el centro de mi diana. Y esa persona es, por suerte, MI HERMANA.




