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Ya puesto decir que he vivido en 4 comunidades autónomas y que, a lo largo de la semana próxima afrontaré mi séptima mudanza. Hasta hace una semana, no sabía ni cuántos viajes Cantabria-Galicia me quedaban por dar y ahora, mientras escribo estas palabras, se que uno más.
Tengo un sentimiento agridulce. Aquí he Cantabria me he sentido muy bien, he conocido a muchas personas que guardaré en mi pequeño corazoncito y con las que espero no perder el contacto. En pocos días, todos mis muebles estarán metidos en una furgoneta de camino a Galicia (por fin) para que no tenga que hacer más kilómetros de A8. Recuerdo que dentro de las cuatro paredes que me rodean conforme escribo estas palabras, Ronci tuvo a Mollo y Grillo, y creo que es el recuerdo más vívido que tengo en este piso durante estos 3 años y del que me da pena desprenderme. No me voy a poner triste, me vuelvo al sitio que llamo hogar y en que me espera la persona con quien comparto mis días.
Los cambios ahora son inevitables, pero… ¿qué implicaciones va a tener esto a nivel psicológico?
1.- Las mudanzas y la repercusión psicológica.
A nivel psicológico, una mudanza es un evento vital estresante, por todo lo que implica: cambiar de trabajo, cambiar de ciudad, cambiar de rutina… No es solo empaquetar las cajas y cambiar de código postal. Implica una profunda transformación interna. Lo que puedes experimentar al realizar una mudanza es lo siguiente:
Duelo por la pérdida de los espacios y la rutina:
Apego al lugar: nuestro cerebro crea mapas mentales y emocionales de los sitios que habitamos. Las paredes, una ventana o mi recuerdo con Ronci, se vuelven anclas de nuestra identidad y seguridad.
El microsistema roto: de repente, quedarás toda la etapa, la autovía, las tiendas del pueblo, las rutinas para hacer la compra… aunque el cambio sea a mejor, el cerebro siente un pequeño duelo por la pérdida de lo conocido.
La “fatiga de decisión” y el estrés cognitivo:
Organizar una mudanza somete a nuestra mente a una sobrecarga de microdecisiones tales como valorar que tirar, que dejar, cómo empaquetar las cosas, cuando contratar la furgoneta…
Esto agota la corteza prefrontal, provoca irritabilidad y ansiedad difusa y sensación de caos mental, ya que el orden externo se desmorona de forma temporal.
Renegociando tu identidad:
Mudarse es, en el fondo, un cierre de etapa para abrir uno nuevo. Implica empaquetar las pertenencias físicas y seleccionar qué parte de tu pasado te llevas a tu futuro, así cómo qué dejas atrás. Implica acumular en tu interior diferentes versiones de ti adaptadas a los lugares en que has ido viviendo.
El contraste entre anticiparse y aterrizar.
La ilusión del destino: al principio el foco está en la recompensa, en mi caso en la vuelta al hogar, vuelta a estar con la persona que quiero.
El bajón post-mudanza: a nivel psicológico, es común que tras todo el estrés acumulado por la mudanza, las despedidas, la llegada al nuevo sitio… aparezca un poco de bajón de energía. El cuerpo se relaja por fin y procesa todo lo acumulado en semanas anteriores.
2.- Cómo gestionar emocionalmente la mudanza.
De acuerdo con lo anterior, puedes hacer lo siguiente:
Valida el duelo por el espacio (el derecho a sentir nostalgia): aunque el cambio sea voluntario y vayas a un sitio mejor, tu cerebro experimenta de igual modo la pérdida. Para gestionarlo es mejor no intentar reprimir la nostalgia ni ir con prisa, aceptar que sientes pena por cerrar esa puerta por última vez. Es el síntoma más claro de que has vivido e invertido afecto en ese lugar.
Separa la identidad del espacio físico: a veces nos apegamos tanto a un espacio, que sentimos que al irnos, nuestro esencia se queda allí o se desmorona. Recuerdas que no eres tus cuatro paredes, que tus vivencias te acompañan y viajan en tu memoria, no quedan atadas a los ladrillos. El hogar se transporta dentro de ti.
Evita la fatiga de las decisiones con “micro-pausas”: introduce oasis de desconexión en el medio del caos de las cajas. Respira, coge aire, toma un café, hazlo llevadero y recuerda en todo el momento el por qué de ese esfuerzo.
Enfócate en la recompensa (el ancla del futuro): haz consciente el propósito del viaje. Focalízate en la meta, ayudando así a tu sistema nervioso durante el traslado.
3.- Mi propia conclusión emocional.
Hace tres años no pensé que este día llegaría. Entre estas 4 paredes de la que ha sido mi casa en Ramales de la Victoria (Cantabria) he sonreído, he llorado, he crecido personal y profesionalmente, me he sentido querida, me he sentido sola, me he agobiado, me he emocionado, y me he reconstruido y reseteado.
Cuando me vine aquí, alguien me dijo que mientras estuviera aquí, lo que me iba a pasar es la vida, y es cierto, han pasado 3 maravillosos años con todo lo que ello conlleva, pero también me llevo personas en el corazón que no hubiera podido encontrar de no haber venido hasta aquí, así es que gracias por hacer mi viaje más ameno. No es un adiós, es un hasta luego.





