Cómo pasar de ser ordinario a ser extraordinario
Pasa que te lo cuento.
Mi primer mes del año, se lo ha llevado casi por completo la universidad. La historia de la psicología, la forma de evaluar a las personas para ayudarlas, las diferentes características que puede presentar la personalidad, me han tenido tan absorta que, sin pestañear, he pasado los exámenes y ya es febrero.
No me lo he tomado como un mero “estudiar para pasar un examen”. He conocido detalles de personas que, seguramente, no supieran que serían leídas por alguien como yo unos años (siglos) después. Cuando estudio, no me limito a leer y memorizar, lo hago desde un punto de vista más de entendimiento, más de preguntarme por qué han hecho las cosas que han hecho, cómo descubrieron tal o cual cosa, de donde vienen, a donde van… detalles que hacen que mi estudio se vea enriquecido y que mi cerebro curioso se vea recompensado.
Siempre he sido curiosa. No me conformo con quedarme en la superficie, me gusta explorar, ahondar, ampliar información y saber cosas que no sabría de no ser así. Ya desde pequeña, me gustaba meter mi nariz en los libros y quedarme horas fascinada por lo que allí se contaba. Recuerdo a una mujer llamada Claire a la que su marido abandono siendo ella joven y cuando iba a dar a la luz, (Claire se queda sola, de Marian Keyes) y a un niño que se portaba mal y recibía tanto azotes, que su culito lo abandonó por ser él quién pagaba los platos rotos. (Un culete independiente, Jose Luis Cortés)
Es por ello, que durante años he ido atesorando en mi mente, recuerdos e historias que no siempre eran sólo mías, que tenían también algo que ver con lo que alguien había escrito para ser leído y que, de un modo u otro, me llegó y caló dentro.
Con el tiempo me he dado cuenta de que mientras estudio o mientras leo, no ejecuto una tarea banal y metódica, en realidad, estudio biografías disfrazadas de teoría o me adentro en mundos diferentes de mi realidad en ese momento. Viajo a sitios en los que de otro modo no hubiera estado jamás. Detrás de cada frase, cada descripción ambiental, cada historia pasada a letras sobre una página, no sólo hay una historia escrita en la que a un personaje le suceden cosas, hay también una mente, una obsesión, una herida, una pregunta que carece de respuesta.
Y cuando más profundizo, más me sorprendo cuando descubro que esas mentes que percibo como tan brillantes y lejanas, no era personas “normales” en el sentido más estricto y cotidiano de la palabra. Tenían, al igual que yo, miedos, supersticiones, raro rituales o vidas casi novelescas. Y quizás es precisamente eso, lo que les hizo mirar el mundo desde otro prisma, desde otro ángulo diferente, mostrando al mundo lo que solo ellos podían ver.
1.- Marian Keyes.
Cuando leí por primera vez el libro de Claire se queda sola, su autora me trasladó con sus palabras, a la realidad de una persona que yo no conocía. Una persona a la que había abandona alguien en quién confiaba y que se había ido en el peor momento, en ese en que te sientes tan vulnerable que no puedes ni caminar y que no te puedes permitir el lujo de parar porque un ser diminuto que ha salido de tu cuerpo, depende de ti.
Lo que en aquella época no supe y que supe años después, fue que Marian Keyes no escribió esa historia para hacerla un best seller, ni como algo comercial. Cuanto más conocía su vida, más entendía por qué sus libros tenían ese tono tan particular, que suenan a ligeros por fuera pero tremendamente humanos por dentro.
Cuando escribió Claire se queda sola, estaba en tratamiento para el alcoholismo y la depresión. Escribirlo no fue fruto de una reunión con una ambiciosa editorial en la que apostaban por su talento, por el contrario, escribir era parte de su terapia, parte de entender qué le pasaba y fruto de eso, surgió su manuscrito, que posteriormente hizo llegar a una editorial casi como para probar suerte.
Keyes ha descrito episodios de depresión clínica muy incapacitares, con incapacidad para leer o escribir, aislamiento extremo… durante años no pudo publicar nada porque simplemente no era capaz a nivel cognitivo, chocando de frente contra el mito de la escritora productiva y constante. Impregna en humor sus palabras mientras da espacio a temas como el duelo, las adicciones, la infertilidad o la ansiedad.
Y si alguien consigue trasladar todo eso por escrito y mostrarlo del modo en que ella lo hace, perdona que te diga pero… se merece todo mi respeto.
2.- Harper Lee.
En Matar a un ruiseñor, los inocentes y dañados sin motivo se ven perfectamente representados. La pérdida de la inocencia infantil cuando se enfrenta a la injusticia de un mundo adulto.
Su novela, narrada desde la mirada de una niña llamada Scout Finch que crece en el sur de Estados Unidos en los años 30. Su padre es un abogado que acepta defender a Tom Robinson, un hombre negro acusado injustamente de violar a una mujer blanca. Por medio del juicio, tanto la niña como su hermano describen el racismo estructural de su comunidad y lo injusto que es el sistema legal. La diferencia entre la moral social y la personal.
Harper Lee, así expuesta no parece alguien tan extraordinario. Disfrutaba de una vida tranquila, sin grandes círculos literarios y no buscaba ser una figura pública, pero con la publicación de su novela en 1960, al año siguiente le llegó el premio Pulitzer y su libro pasó a ser de lectura obligatoria en los colegios, así como un referente moral sobre racismo e injusticia.
Lo más sorprendente es que nunca volvió a publicar otra novela mientras vivió. Ella no dejó de escribir porque no tuviera talento, sino por rechazo a la exposición pública ya que no le gustaba la fama, la detestaba, evitaba entrevistas y no acudía a los eventos literarios, protegiendo con uñas y dientes su intimidad.
Escribió una de las novelas más influyentes del siglo XX y decidió desaparecer, por elección. De nuevo estamos ante alguien ordinario haciendo algo extraordinario.
3.- Cómo se convierte la gente ordinaria en extraordinaria.
Supongo que esta es la gran pregunta que todos nos hacemos. Imagino que nadie se levanta por la mañana creyendo ser alguien ordinario o extraordinario, simplemente se limitan (nos limitamos) a seguir avanzando con la corriente. Probablemente nadie le dijo a Marian Keyes que de su dolor podía sacar novelas que adornan estantes en muchas casas, pero tampoco Harper Lee escribió su novela pensando en ganar el Pulitzer o siendo lectura obligatoria en los colegios.
Ninguna de las dos lo escogió, ni son un ejemplo de disciplina o trabajo duro, pero si aprovecharon un momento brillante para hacer algo brillante.
No creo que a Marian Keyes se le ocurriera pensar que salir del alcohol era algo increíble que le debe suceder a todos los seres humanos, pero ponerle nombre, tratarlo con humor y plasmarlo en un libro fue un buen camino para atacar aquello que quieres cambiar. Y quién sabe lo que sucederá luego, ella no lo sabía y tu o yo tampoco. Harper Lee escribió sobre una realidad social que la perturbaba e hizo mella en ella, y puso rostro a una realidad que era preciso nombrar y afrontar, seguramente no escribiera pensando en la cantidad de personas a las que reconfortaría, pero ella la escribió y plasmó su preocupación haciendo algo extraordinario.
Quizás, lo importante no es hacer algo ordinario y convertirlo en extraordinario, a lo mejor lo que hay que hacer es lo que deseas hacer, aquello que te parece necesario. Lo que tu hoy ves como algo ordinario, pero que te reconforte, te ayude, te mejore y, quién sabe, quizá el día de mañana, alguien lo escriba en Substack recordándolo como algo extraordinario.
Bibliografia
Cortés, J. L. (1998). Un culete independiente. Ediciones SM.
Keyes, M. (1995). Watermelon. Poolbeg Press.
Lee, H. (1960). To kill a mockingbird. J. B. Lippincott & Co.



