Cronómetros rotos: La incómoda sensación de llegar tarde a la vida.
La vida avanza. Hoy aquí, mañana allí, y de repente ocurre: tu chat de antiguos compañeros de colegio estalla con una nueva maternidad, una nueva boda o cualquier otro evento que te recuerda que ya no estás en los 20 ni en los 30. Los 40 acechan, agazapados, como un león esperando para comerse un antílope. Te quedas mirando la pantalla del móvil, en silencio. Esa mezcla de ansiedad y nostalgia anticipa una certeza sumamente absurda: he llegado tarde.
No hablo de llegar tarde al dentista, al trabajo o a una cena con la familia. Me refiero a algo mucho más profundo y difícil de explicar en voz alta. La gente joven (en esta frase ya me di cuenta de que me hice mayor), habla del famoso FOMO existencial, pero ¿a qué se refieren?
1.- Qué es el FOMO del que todo el mundo habla.
El FOMO es ese síndrome de desalineamiento temporal que te hace sentir que la vida de los demás avanza a velocidad vertiginosa atravesando una autopista debidamente asfaltada, mientras que tú sigues en una carretera secundaria, con el motor del coche emitiendo extraños sonidos y sin saber muy bien dónde está la siguiente salida.
Es una sensación curiosa, ya que analizado en frío, nadie dijo que esto fuera una competición o un examen, ni tampoco que hubiera paradas obligatorias. Pero si amigos, inconscientemente llevamos todos ese reloj biológico y social que te dice que a los veinte te comes el munido, a los treinta debes tener un rumbo profesional impecable (y quizás hipoteca o una relación estable), y a los cuarenta… bueno, a los cuarenta ya debes ser un adulto funcional con la vida resuelta y todo bajo control. Y te miras al espejo: el guión estructurado que te vendieron, no coincide para nada con tu realidad vital. Y aquí me encuentro, como tantos de vosotros.
2.- El espejismo de la fila de al lado.
Lo que me resulta curioso es que esto casi todo el mundo lo experimenta en absoluto silencio. Comienzas a creer que tu eres el raro, el rezagado, el que se perdió la clase en que repartieron las instrucciones para aprender a vivir. No hace tanto, una de las chicas de mi edad del pueblo en que me crié se quedó embarazada, pero el mensaje que yo recibí en mi teléfono fue “Fulanita va a ser madre también, solo quedas tu”.
Desde los 14 años diciendo que no quiero tener hijos, y escuchando “ya te llegará”, y con casi 40 la gente sigue insistiendo. Yo no siento que llegue tarde a la maternidad porque nunca he querido ser madre, pero si bien es cierto de que durante toda mi vida he ido a otra velocidad con respecto a las filas que me rodean.
Cuando todos iban a estudiar a la universidad, yo no podía porque mi familia no podía permitírselo. Cuando todos tenían buenos trabajos de lo que habían estudiado, yo estaba sentada en una oficina aguantando cosas que hoy en día no volvería a soportar. Cuando todos se casaban, tenían hijos y viajaban, yo me encontraba recogiendo los pedazos de una vida que se había roto sin preguntar, con el dinero justo para llegar a final de mes y sintiéndome profundamente sola.
Cuando pude estudiar mi oposición, se me consideraba demasiado mayor en comparación con el resto, y cuando ahora he dado el salto a poder estudiar una carrera, pues ahora me lo puedo permitir, sigo siendo mayor para esa parte. En mis trabajo, he escuchado muchas veces elogios por mi capacidad, pero son solo eso, elogios, porque antes de la oposición se me negó una subida de sueldo tras una frase que nunca olvidaré “lo mereces, se que lo mereces, pero a la mujer y al papel hasta el culo has de ver”.
Y te esfuerzas. Te esfuerzas porque las cosas salgan bien, porque si alguien se te acerca, se vaya de tu lado contento (como dice el gran Victor Kuppers), te esfuerzas porque las cosas funcionen. Pero al igual que con las máquinas en que golpeas al agujero por el que sale un topo, te quieren callada, sumisa, dócil, no sea que con tu forma de ser dejes al descubierto su mediocridad.
Y te machacas. Te preguntas cual fue la curva en que te despistaste, qué decisión tomaste mal o por qué las piezas de tu puzzle parecen encajar peor que las del resto, desordenadas y en momentos que no tocan.
Creo que realmente nos cuesta ver la trampa. Olvidamos fácilmente que las personas muestran sus momentos editados y con filtros. Nadie publica sus domingos de crisis existencial, ni sube stories llorando en el que coche porque no sabe qué coño hacer con su futuro. Y es aquí donde me paro y pienso: la velocidad de los demás suele ser un espejismo óptico. Muchas de esas personas que pueden haber “llegado a tiempo” a todas las metas sociales, están igual de perdidas, asustadas o atrapadas, pero lo disimulan, porque el sistema premia el escaparate.
3.- La tiranía del ritmo linea.
La educación es España es lineal, como su cultura: estudia, trabaja, asciende, compra, establécete. Si te sales de la línea, parece que estás suspendiendo la asignatura de vivir. Que llegues antes a un sitio en que no te apetece estar, no te sirve absolutamente para nada. ¿De que te sirve un trabajo a 15 minutos de casa en el supuesto trabajo de tu vida si entras y sales llorando cada día y no quieres ni levantarte por la mañana?
El desfase temporal no es un error de fábrica, es la consecuencia lógica de ser humano en un mundo que pretende que seamos robots. Hay personas que florecen temprano y se marchitan rápido, y otras que necesitan vivir media vida de ensayo y error para entender qué es aquello por lo que le brillan los ojos. Y todos ellos son igual de válidos.
4.- Qué dice la psicología sobre ello.
En psicología le pone nombre “ansiedad por el estatus” o “desalineamiento temporal”. La ciencia nos dice que nos estamos volviendo locos intentando cumplir metas colectivas con cronómetros individuales.
Bauman, aunque fuera un sociólogo, tuvo un gran impacto en la psicología social. Explicaba que vivimos en una sociedad donde todo es inestable y cambia muy rápido. Al no haber estructuras fijas, miramos constantemente a otros lados para ver si nosotros estamos haciendo bien nuestro propio camino. Las redes sociales funcionan soportando el escaparate de éxitos ajenos que genera una falsa ilusión de que todos van más deprisa que tu o que yo. La ansiedad existencial moderna la genera esa prisa por “no quedarse atrás”.
Erik Erikson definió las etapas de desarrollo psicosocial. En su teoría se esperaba que las personas resolviéramos nuestras identidades en la adolescencia y lográsemos la intimidad y estabilidad en la adultez temprana (entre los 20 y los 40 años). En el enfoque actual, los psicólogos contemporáneos siguen su escuela y explican que los hitos sociales se han retrasado o fragmentado y que por ello, el sentirse a veces perdido entre los 30 y los 40, no es una anomalía, es una extensión de la búsqueda de identidad. No es ir tarde, es que el mapa del desarrollo humano se ha vuelto más complejo.
Alain de Botton acuñó el término Status Anxiety o lo que en castellano quiere decir ansiedad por estatus. Explica que en las sociedades meritocráticas modernas, nos hacen creer que “el que quiere, puede”. Te hacen pensar que el éxito depende de tu esfuerzo y por ello, la consecuencia psicológica es dura y cruel, pues si a cierta edad no tienes algo concreto, es que no has puesto suficiente empeño y la culpa es tuya. Este divulgador de la psicología cognitiva decía que gran parte de nuestro sufrimiento no viene de lo que nos falta, sino del miedo a ser juzgados por los demás como fracasados al no cumplir con los supuestos plazos.
Todos nos sentimos perdidos y no es un error de fábrica, es el precio que tenemos que pagar por buscar nuestro propio sentido en un mundo que quiere venderte un guión prefabricado.
5.- Conclusión: cambia reloj por brújula.
No estás solx, todos nos hemos sentido (y nos sentimos) que llegamos tarde, pero en el fondo es una señal de que tu vida te importa. Es señal de que no te conformas con el piloto automático que otros piden para ti, y que te asusta la idea de desperdiciar el tiempo. El problema no es el miedo, es dejar que el reloj de los demás afecte a tu felicidad.
El truco para quitarse ese peso de encima, no es correr más cuando no sabes ni donde vas, es mejor mandar a la mierda el cronómetro y empezar a mirar la brújula, lo que tu quieres tener como tu norte, saber hacia donde vas. No vas tarde, no vas lentx, estás viviendo tu vida y la única velocidad que importa es la que tu te marcas, total, nadie sale vivo de esto y entonces…¿cuál es la prisa por llegar?




