¿Cuántas mentiras te han contado hoy?
El arte de la mentira
Esta semana ha sido la primera semana sin tener que estudiar absolutamente nada y poder hacer una vida un poco menos intelectual y más social. El domingo pasado, tras haber trabajo en la mañana, me tomé la libertad de irme a pasear por el paseo marítimo de Laredo y tomar algo en el restaurante La Marrana de la referida localidad, Evidentemente, fui sola, ni un libro se me ocurrió llevarme para entretenerme, por lo que las dos rondas de té de limón helado que me tomé allí escondida tras mis gafas de sol, fueron el principio de la novela turca que yo me montaba sobre las personas que por allí caminaban. Que si una señora de unos 60 años con un chico más joven, que si una familia con tres hijos varones… toda clase de estereotipos perfectamente representados y ubicados.
No pude evitar preguntarme si todas las personas que por allí pululaban eran en realidad tan honradas o morales como parecían representar. ¿Será este padre de familia tan leal a su esposa como creen sus propios hijos?, ¿y su mujer? Muchas de estas preguntas me hacían plantearme criterios de desconfianza entre la realidad que representaban mientas ofrecían su mejor versión cara a la galería. Y llegó la pregunta: ¿Por qué la gente miente?
La mentira
La mentira forma parte de la experiencia humana. La solemos asociar con algo inmoral, un engaño, una traición, pero la realidad es mucho más compleja. Mentimos para protegernos, para evitar conflictos, para obtener beneficios e incluso para cuidar los sufrimientos de otras personas. Comprender la mentira llevaría implícito analizar tanto sus dimensiones éticas como psicológicas.
Debemos comenzar por definir qué es exactamente la mentira. Una mentira es la comunicación deliberada de información falsa con la intención de que otra persona la considere verdadera. Esta definición implica tres elementos fundamentales: conocer la verdad, una intención por ocultarla o modificarla y el propósito de influir en la percepción de quien recibe el mensaje.
Queda claro, llegados a este punto, que no todas las falsedades son mentiras. Un error involuntario o una creencia equivocada no constituyen una mentira porque no existe esa intencionalidad para con el engaño. Para que una mentira sea considerada como tal, se requiere conciencia y voluntad.
¿Por qué las personas mienten?
El doctor House, en la serie, siempre decía que todo el mundo miente, pero a mí me apetece ir un poco más allá y como medio psicóloga, quiero ahondar en los motivos que llevan a las personas a mentir. En mi investigación he encontrado que las razones por las que las personas mienten son diversas y responden tanto a factores individuales como sociales.
Miedo a las consecuencias: muchas personas mienten como mecanismo de defensa. Algunas por evitar un castigo, otras para evitar una represalia en el trabajo, otras para evitar una crítica a una nefasta actuación, por una pérdida económica o por situaciones embarazosas que prefiere que nadie conozca. Sí, lo sé, mientras lees estos motivos te han venido a la mente situaciones que tu u otras personas han vivido y han utilizado como excusa para mentir.
Búsqueda de aceptación social: otras personas mienten para ser mejor valoradas por los demás. Exageran logros, experiencias o cualidades para responder a ese deseo de reconocimiento y pertenencia.
Protección emocional: existen las llamadas, “mentiras piadosas” que se utilizan para evitar herir sentimientos o reducir el sufrimiento de otros: “no eres tú, soy yo”. ¿Te suena?
Construcción de identidad: en alguna ocasión os he hablado de los tres yoes, el yo real (lo que soy en verdad), el yo ideal (lo que me gustaría ser) y el yo esperado (lo que todos esperan que sea). Hay personas que utilizan la mentira para proyectar una imagen idealizada de sí mismos, especialmente cuando existe esa discrepancia entre sus yoes, es decir, el cómo son en verdad y cómo desean ser percibidas.
Desde un punto de vista más psicológico, la mentira no se entiende únicamente como un acto moral, sino que este tipo de conducta cumple con unas funciones. Diversas investigaciones han demostrado que mentir requiere de habilidades cognitivas complejas. La persona debe saber la verdad, crear la versión alternativa a la misma, mantener la coherencia de su relato y anticipar posibles reacciones de quien escucha. Es por esto que a muchas personas se les cae el castillo de naipes, porque no tienen memoria suficiente para considerar esto en el tiempo y al final la verdad sigue el camino.
En psicología, se destacan varios factores relacionados con la mentira:
Autoestima: personas con inseguridades pueden recurrir a la mentira para compensar sentimientos de inferioridad.
Presión social: cuando la verdad supone un coste elevado, hay numerosos contextos que favorecen las conductas engañosas.
Aprendizaje: si mentir proporciona recompensas y no genera consecuencias negativas, la conducta puede reforzarse.
Personalidad: ciertos rasgos, como narcisismo o la manipulación extrema, se asocian con una mayor tendencia a mentir.
¿Existe el mentiroso patológico?
La psicología estudia también la mentira patológica, conocida como mitomanía. Consiste en un patrón persistente de falsedades que pueden convertirse en una forma habitual de relacionarse con el entorno. En estos casos, la persona llega a construir narrativas complejas que terminan afectándole tanto en su vida personal, social y profesional. La historia nos ofrece numerosos ejemplos de personas cuya vida estuvo marcada por el engaño.
Frank Abagnale Jr. Se hizo pasar por piloto, médico y abogado mediante identidades falsas. Su historia se convirtió posteriormente en una de las estafas más conocidas del siglo XX.
Anna Sorokin, cuyo documental encuentras disponible en la plataforma Netflix, se presentó al mundo como una heredera millonaria para acceder a círculos de élite y obtener mediante engaños importantes beneficios económicos.
¿Por qué la gente desconfía de aquellas personas que miente?
Esta pregunta es un guiño sincero a mi amiga Laura, con la que he hablado de este tema esta semana. Cuando tienes a alguien frente a ti a quién has pillado en mentiras en otra ocasión, no piensas en los motivos por los cuales esa persona te ha mentido, sino que tu actitud es el rechazo a cualquier explicación que quiera transmitirte.
Cuando una persona te miente una o dos veces, aunque sea en cosas nimias, el cerebro del que observa suele hacer una serie de asociaciones rápidas:
La confianza es un todo o nada: la confianza no se destruye mentira a mentira, sino como una sensación global, un ¿puedo creerme lo que esta persona me dice? Una sola incoherencia puede hacer que el sistema de alerta se active, porque el coste de confiar en alguien poco fiable puede ser muy alto.
Sesgo de negatividad: psicológicamente, los errores nos pesan más que los aciertos, por eso un error lo repites en tu cabeza más que cien logros. Una persona puede ser honesta 99 veces, pero una mentira va a destacar más que todo lo demás. El cerebro interpreta esto como información relevante para la supervivencia.
Dificultad para distinguir el tipo de mentira: nuestro cerebro no siempre diferencia entre lo que es una mentira piadosa, algo exagerado o una manipulación intencionada, entonces hasta las mentiras pequeñas se pueden interpretar como una falta total de integridad.
La importancia de la coherencia moral: las personas tendemos a construir una imagen estable de los demás: honesto, fiable, inconsistente… y cuando aparece la mentira, esto se rompe un poco, y el cerebro intenta recalcular ruta con un “si mintió aquí, ¿en qué más podría hacerlo?”
Efecto acumulativo de la duda: la erosión de la desconfianza se genera cuando tras un par de mentiras, nos envuelve esa sensación de “¿y si hay más cosas que no se?”.
Conclusión
En definitiva, la mentira forma parte de la condición humana, porque también forman parte de ella el miedo, la necesidad de aceptación y la inseguridad, unidos al deseo de protegernos. Mentimos por muchas razones diferentes y no todas nacen de la maldad. Sin embargo, aunque podamos comprender los motivos que llevan a una persona a mentir, eso no elimina las consecuencias que una mentira provoca, como esa desconfianza generalizada.
El filósofo Montaigne decía que tendemos a confundir nuestras opciones con verdades. Tal vez sea este sea el motivo de que nos resulte distinguir entre lo que las personas son y lo que muestran al mundo. Todos representamos algún papel, ocultamos algo y, en mayor o menor medida hemos mentido. La diferencia está en lo que hacemos después con la mentira y en la capacidad que poseemos para sostener la verdad cuando esta resulta incómoda.
La verdadera pregunta no era si aquel padre de familia sentado en la terraza de aquel bar en Laredo era infiel o no. La verdadera cuestión era si alguno de nosotros consigue mostrarse realmente tal y como es.





