Decisiones y distancias: la vida de caracol.
Ayer me tocó de nuevo el cruce de la península a largo de toda su zona norte. Arde Bogotá habla en su canción de los cowboys de la A3 y a mi me toca ser la capitana de la A8. Me río yo de Labordeta con su Un país en la mochila, yo he superado la mochila y me voy ya con la maleta grande, la de nieve, la de meter hasta a tu prima. Diría meter a toda la familiar, pero no es real, porque si así fuera, no hablábamos de la maleta ni de los viajes, estaría todo concentrado en un único punto.
La vida de caracol, esta vida que un buen día eliges y que lo que comienza prestando acaba pesando. Un abrazo no te lo da una pantalla, ni un beso un emoji, y ni que decir tiene las implicaciones emocionales que la vida de caracol te patrocina sin que tu las hubieras pedido. Podría contar los días que he atravesado la península sin llorar, y sería más fácil que lo contrario. Pero bueno, ya que me has sacado el tema, vamos a hablar de todo lo que implica la distancia a nivel afectivo y emocional, tanto para con parejas como con amigos. También que supone la vida de caracol a los nómadas de la carretera y, como siempre, vamos por partes.
1.- Cuestión de distancia y perspectiva.
La distancia te da lecciones que no sabías que necesitabas. La distancia tiene algo curioso que aprendes y rara vez aprecias cuando vives cerca de todas esas personas a las que quieres: las personas no cambian necesariamente, pero sí lo hace el lugar desde el que miras las cosas.
Cuando conducto atravesando media península pensando en cuándo será el momento de regresar, la preocupación de otra personas en mi entorno puede ser otra muy diferente. Mientras yo cuento mi vida en depósitos de combustible y en el peso económico que esto me supone, otros cuentan las horas de sueño. Mientras yo convierto mi descanso semanal en una oportunidad por volver a casa, otra persona lo ve como la opción para marcharse a desconectar. Ninguno de los dos está equivocado.
Con distancia aprendí que las relaciones no se mantienen solo con cariño, necesitan un contexto, necesita esa realidad mínima que hace que la situación tenga sentido, porque sí amiga, verse todos los días ayuda a sentirse más comprendida y menos triste que cuando se hace atravesando una pantalla. Cuando vives a distancia, llega un momento en que no sabes quién es el compañero de trabajo que amarga a tu hermana cada lunes, ni sabes quién es el dueño del bar al que van tus amigos los viernes a desconectar del trabajo. Te enteras de que personas del que tu considerabas tu círculo cercano, no te invitan a su boda a pesar de ser solo de amigos y sin familiares.
Y ahí llega el golpe de realidad. Ahí es donde comprendes que la distancia no solo añade kilómetros entre personas, añade experiencias que no se comparten, rutinas que no se conocen y versiones de nosotros mismos que muchos otros no llegan a ver. Quizá es por esto que duele tanto.
2.- Qué dice la psicología sobre la distancia.
Desde el punto de vista psicológico, esto se explica bastante bien. No es la distancia física, es también la distancia psicológica. Si dos personas dejan de compartir el mismo contexto diario, la mente empieza a construir al otro con fragmentos, pero estos fragmentos no son nunca suficientes.
El cerebro no se lleva bien con los vacíos, así que los rellena. Donde antes había conversaciones, ahora hay interpretaciones, antes compartías rutina, ahora todo son suposiciones. Antes presencias, ahora memorias. La distancia no solo separa, también desincroniza. Y esto no quiere decir que una persona cambie mas que la otra, es que comenzamos a vivir a diferentes ritmos. Mientras unos está inmerso en su entorno, sus horarios y su gente, el otro observa desde fuera, intentando encajar aquellas piezas que no siempre encajan del todo.
La teoría del apego tiene algo que decir. Si el vínculo es importante, la distancia activa unos mecanismos de búsqueda de seguridad emocional. No es dependencia, somos nosotros intentando confirmar que el vínculo sigue ahí aunque no haya una presencia constante. Esto hace que un silencio pese más, que las respuestas se sientan más tarde y que los cambios, por pequeños que nos parezcan, adquieran mucha más importancia de la que tendrían en un cara a cara.
3.- La distancia a través de la historia.
No soy la primera persona que lo vive, tu tampoco. Hay quien ha construido su vida entre viajes constantes y ausencias prolongadas, como el escritor y aviador Antoine de Saint-Exupéry, que pasó gran parte de su existencia entre rutas aéreas y destinos lejanos, escribiendo precisamente sobre lo invisible que se mantiene entre las personas cuando no comparten el mismo espacio.
Frida Kahlo y su amado Diego Rivera, mantuvieron una relación marcada por separaciones físicas, intensos reencuentros y vidas que parecían no encajar nunca del todo en un mismo lugar y tiempo. Su historia es un claro ejemplo de cómo el vínculo no siempre depende de la cercanía continua.
Creo que lo que estas historias tienen en común con la vida de quiénes vivimos en distancia, es que querer a alguien no siempre significa poder compartir el mismo día, pero hay que cuidar, aún en la distancia, el vínculo que se establece y se quiere mantener.
4.- Conclusiones.
A lo mejor todo se reduce a esto. Quizás la distancia, dentro de lo malo, tiene algo bueno, y es ver quien de verdad está cuando tu no estás físicamente, poder sentir el calor real de quién de verdad te quiere en la distancia, de quién te llama a todas horas para hacerte sentir que lo que ayer dolía más, hoy duela un poco menos. Igual ahora somos cowboys de la A8, pero está claro que si cabalgamos, es porque aún hay un sitio al que queremos volver.





