Dunning-Kruger y el cuñadismo
O el caso del ladrón más tonto de la historia.
De un tiempo a esta parte, me estoy centrando mucho en observar más y hablar menos. Es así como se aprende y se mejora, y por ello trato de implementarlo en todos los campos de mi vida.
Es por ello, que me he percatado de que hay una figura universal que llama la atención con su presencia en innumerables situaciones: cenas familiares, grupos de WhatsApp, sobremesas eternas, el trabajo… y este “el cuñado”.
No le hace falta un vínculo contigo. Ser cuñado es más bien una actitud, un modo de estar en el mundo. Una mezcla extraña de inquebrantable seguridad, opiniones contundentes y una extraña alergia a tener dudas. Y si hubiera que poner un nombre científico a ese fenómeno, Efecto Dunning-Kruger encajaría bastante bien.
Vamos a ello.
1.- Qué es el efecto Dunning-Kruger y qué le pasa a tu cuñado.
Allá por 1990, en la ciudad de Pittsburg (Pennsylvania), un hombre llamado McArthur Wheeler, de 44 años, decidió de buena mañana que se iba a dedicar a asaltar bancos a plena luz del día, sin ninguna máscara o pasamontañas que cubriera su rostro.
A nuestro amigo McArthur le habían dicho que si se ponía jugo de limón en la cara, sería invisible ante las cámaras. La brillante fuente de información probablemente malinterpreto el milenario uso del limón como tinta invisible en mensajes secretos y nuestro protagonista pudo no entender que era una broma.
La cosa es que como un buen científico, Wheeler puso a prueba esa hipótesis; embadurno su rostro con jugo de limón y, a pesar de que se quemó la piel y los ojos le ardían tanto que a penas los pudo abrir, comprobó con alegría que la hipótesis era cierta.
¿Que cómo lo hizo? sencillo. Se tomó una foto polaroid en que su cara no apareció. Fruto de que no podía abrir bien los ojos por el escozor del limón y añadido a que quizás tampoco se enfocó correctamente e incluso que la película estaba defectuosa. La cuestión es que nuestro trepidante amigo ya había pensado que iba a hacerse rico y a robar bancos sin que nadie le pillara, por lo que se dispuso a ello.
Cómo era de esperar, había numerosas cámaras de seguridad y Wheeler era novato en aquello del robo armada, pero tampoco hizo ningún esfuerzo por disfrazar u ocultar su apariencia. Cuando le arrestaron, porque evidentemente lo hicieron, y le dijeron que lo habían identificado por las imágenes capturadas por la videovigilancia, se quedó estupefacto:
“¡Pero me eché jugo de limón!, ¡Pero me eché jugo de limón!”
Gritaba perplejo a los aún mas alucinados detectives. Perplejidad tornada en asombro cuando Wheeler explico exactamente a lo que se refería.
2.- Que tiene que ver co el efecto Dunning-Kruger.
La historia dio la vuelta al mundo y despertó el interés de un profesor de psicología social en la Universidad de Cornell, David Dunning, a quién le intrigó la confianza que tenía Wheeler en sus habilidades, a pesar de su denotada estupidez. Esto le llevó a pensar ¿podrían tener otras personas puntos ciegos similares sobre su propia incompetencia?
La ignorancia genera confianza con más frecuencia que el conocimiento.
Charles Darwin
Es por ello que se puso manos a la obra y con su amigo Justin Kruger evaluaron si quienes carecen de ciertas destrezas en un campo determinado, son más propensos a no notar esa ausencia que quienes son muchos mas duchos en ello. Es decir, quería comprobar si quién no sabe, es más propenso a no notar que no sabe que quienes realmente saben.
El experimento
Uno de los experimentos consistía en lo siguiente; pidieron a comediantes profesionales que puntuaran chistes según su gracia. El humor, como ya habrás imaginado, es al go muy subjetivo por lo que también hicieron pruebas de lógica y gramática con respuestas predefinidas. También preguntaron a los participantes como creían que les había salido la prueba.
El patrón se repitió: los que tuvieron un desempeño un 25% inferior del total, son los que se clasificaron así mismos por encima del promedio. Cu-ña-dis-mo. En el test final para probar su teoría, entrenaron a un grupo de personas bajo rendimiento para una prueba de razonamiento y lógica, utilizando con ellos frases como “sólo sé qué nadada sé”, es decir entre más aprendes, más consciente eres de cuánto no sabes, resultando por ello que ente estos participantes mejoró la capacidad de autoevaluación.
La conclusion
Llegaron a una demoledora conclusión: las personas incompetentes tienen una doble cara. Por un lado, llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, por otro su incompetencia les priva de la capacidad de ser conscientes de ello. En el caso que nos ocupa, el señor Wheeler estaba convencido de que lo estaba haciendo bien.
3.- La ignorancia es atrevida.
El problema yace en que a menudo, los conocimientos o habilidades que necesitamos para hacer bien algo, son los mismos que se necesitan para evaluarlo. Años siguientes a la publicación de su artículo versado sobre el Efecto Dunning-Kruger, el efecto se ha observado en muchos otros ámbitos como medicina, inteligencia emocional o incluso el ajedrez. Cualquier grupo con un espectro de habilidades, dispondrá que aquellos que se ubican en el 25% inferior del desempeño, son los menos capaces al evaluar sus propios talentos.
Esto no los hace en poco inteligentes o ignorantes. Dunning escribió posteriormente en otro artículo que “en la ironía más cruel, lo que es más probable que gente ignore es el alcance de su propia ignorancia; dónde comienza, dónde termina y todo el espacio que ocupa en medio” (Dunning, 2011)
Esto que hace tu cuñado, es similar a padecer una anosognosia. Cuando una persona padece una anosognosia, el paciente tiene una discapacidad, pero no lo sabe, no es que no quiera reconocerlo, es que no es consciente de ello.
Dunning llamo a este caso “anosognosia de la vida cotidiana”. Caminamos por la vida acompañados por una oculta incompetencia. Todos sabemos de muchas de nuestras incompetencias, pero hay otras tantas innumerables de las que no tenemos constancia. Puede que cuando tu cuñado se crea que lo sabe todo, por improbable que ahora mismo te resulte, puede estar cayendo en la trampa de ignorar su propia ignorancia. Al igual que tú.
4.- Cuñados que conoces.
El primero de ellos, es Risto Mejide, que representa una versión sofisticada del cuñadismo más actual. Se expresa correctamente, parece tener siempre una respuesta adecuada, rara vez denota una, pero, inevitablemente con el Efecto Dunning-Kruger; si no percibes toda la complejidad de un tema, es mucho más sencillo hablar de forma rotunda, como él hace con su estilo comunicativo basado en la contundencia. No cuestiono su inteligencia, solo comento que los espectadores se ven más convencidos por la seguridad que transmite que por lo que realmente aporta.
Nuestro segundo cuñado es Elon Musk. Es más internacional pero es un ejemplo de lo anterior a una escala superior. Tiene una capacidad incuestionable para liderar proyectos complejos e innovar, pero es no le ha impedido hacer afirmaciones muy seguras en ámbitos en los que tiene un conocimiento escaso.
Tanto por medio de predicciones tecnológicas extremadamente optimistas como otras más tajantes, su discursos refleja de forma clara un exceso de confianza que encaja perfectamente en el tema que nos ocupa. En este caso concreto, si que es cierto que el éxito en un área puede amplificar la percepción de dominio en otras, como si se transfiriese de forma automática. Es el claro ejemplo de cómo hasta las personas mas brillantes pueden caer en la trampa de confundir seguridad con certeza, haciendo simple aquello que no lo es tanto.
Bibliografía
Dunning, D. (2011). The Dunning–Kruger effect: On being ignorant of one’s own ignorance. En J. M. Olson & M. P. Zanna (Eds.), Advances in Experimental Social Psychology (Vol. 44, pp. 247–296). Elsevier






