El perdón
o el maravilloso arte de mandar a la gente a la mierda si quieres.
A ti que me lees, ya te habrás dado cuenta de que si en este lugar se habla de cosas, es de cosas que tienen que ver con lo que me va ocurriendo en el día a día. No necesito una musa concreta para inspirar mis palabras; el simple hecho de existir me produce innumerables fuentes de inspiración y, desde que he terminado mis exámenes del segundo curso (todo bien, gracias), aún más cosas me llaman la atención.
Esta semana ha tocado reflexionar sobre los perdones. Sobre eso que estamos o no dispuestos a soportar del resto y, lo más importante, sobre qué significa perdonar y cómo nos afecta esto a nivel emocional. Desde bien pequeños te dicen que tienes que perdonar a tu prójimo, y eso sin entrar en dramas bíblicos. A todo el mundo en su infancia le han dicho que tiene que perdonar a Fulanito dándole un besito para ser amigos tras haberte robado tus juguetes, y bien, queridos amigos, tú soltabas el besito o el abracito y a jugar otra vez hasta que te volvían a quitar tus juguetes y se reiniciaba el ciclo. Ahora, en esta adultez abrumadora que nos envuelve, yo me pregunto: ¿qué es perdonar en la vida adulta?
1.- Vamos a darle a esto un poco de contexto
En mi vida adulta han sucedido acontecimientos intensos que te hacen cuestionarte muy a menudo esa parte de perdonar: un padre que decide hacer las maletas e irse de casa sin ningún tipo de explicación, amigas que traicionan tu confianza o parejas que son infieles. Y claro, tú tienes que saber perdonar porque lo dice la sociedad: un padre es un padre, una amiga de infancia es una amiga de infancia y una pareja es una pareja, pero… una mierda.
Sí, sí, has leído bien, una gigante y soberana mierda. Yo creo que no estoy en edad de acercarme a quien me hizo daño, darle un besito y fingir que ya podemos seguir jugando, porque ni me han robado un juguete ni estamos en el patio del colegio.
2.- ¿Qué es exactamente pedir perdón?
A mí esto me chocaba a nivel mental. Es fácil decir a las personas que perdonen, sobre todo cuando no son tuyos ni el problema ni el dolor, pero yo me pregunto: ¿qué es exactamente perdonar? Quizá es fingir que nada pasa y no tener en cuenta el daño causado, obviar que el daño hecho ha sido a querer, y hacer como si contigo mismo usaras el desmemorizador que usaba Will Smith en Men in Black para poder fingir así que nada pasa. Si me decido a perdonar de este modo y finjo que nada pasa, ¿estoy perdonando realmente? ¿O simplemente estoy haciendo como si nada pasara, permitiendo que todo pueda volver a suceder?
Si a mí me fallas, ¿por qué tengo que ser yo quien perdone? Es decir, ¿por qué soy yo quien tiene que fingir que eso no sucedió? Perdónate tú a ti mismo por haberte portado como un mierda seca y haber hecho daño A SABIENDAS a la persona que tienes cerca, en el campo que sea. Yo no tengo que fingir que no pasó, no te lo tengo que guardar dentro de mi persona para echártelo en cara a la mínima de cambio, porque hablamos entonces de rencor, pero de no echártelo en cara a ser rencoroso, hay grises de por medio.
3.- Qué es, según yo, el perdón.
La cuestión es que cuando alguien te daña de algún modo, dentro de ti se genera una fricción emocional que hace que sientas ese dolor a la traición de confianza. Podemos decir que la parte del perdón llega cuando dejas de sentir esa fricción, pero, bajo mi punto de vista, no es que perdones a otra persona, es que a nivel emocional acabas aceptando el dolor generado y pasas de esa fricción a la más pura aceptación de la situación, por lo que, realmente, no estás perdonando a un tercero, estás aceptando que eso sucedió sin tener que fingir que no pasó.
De algún modo, dejas de luchar con aquello que te ha sucedido. El sufrimiento se mantiene cuando seguimos luchando mentalmente contra algo que ya sucedió y a lo que buscamos una explicación. Aceptarlo no significa aprobarlo, significa reconocer que ha ocurrido y dejar de gastar energía intentando cambiar un pasado que ya no puede modificarse.
4.- ¿Qué dice la psicología a este respecto.
Carl Rogers refiere que el perdón nace de la comprensión y no de la obligación. Aunque no desarrolló una teoría concreta del perdón, toda su psicología giraba en torno a la empatía y la aceptación de la experiencia humana. Desde su punto de vista, una persona emocionalmente sana no niega lo que siente ni se obliga a sentir algo que no siente. El perdón no debería surgir de la presión social de la que hablábamos antes sobre el patio del colegio y el perdona a Fulanito, sino de un proceso auténtico de comprensión de uno mismo y de los demás.
Por otro lado, Rober Enright manifiesta que el perdón es una decisión activa. Fue uno de los principales investigadores del perdón y para él, perdonar no es olvidar, justificar ni reconciliarse. Para él es decidir abandonar el sentimiento hacia quien nos dañó (la fricción) y tener una actitud más compasiva, aunque ni lo merezca. Lo curioso de este razonamiento es que el perdón nace desde el bienestar psicológico propio y no de lo relacionado con el prójimo.
5.- Conclusion.
¿Te das cuenta de lo que ha dado de sí el perdón? Y es que, quizá el problema no sea el perdón en sí mismo, sino todo lo que nosotros hemos cargado con la propia palabra en sí. De pequeños nos enseñaron el perdón como una especie de obligación moral, como si perdonar fuera un sinónimo de ser buena persona, cuando realmente nadie se sienta a explicarte qué hacer con lo que duele de verdad.
Hay heridas que no se borran ni se justifican, pero ni falta que hace. Hay situaciones en la vida en que las personas te hacen daño y que simplemente se integran en lo que eres y se entienden (o no) con el tiempo. En otras ocasiones se aceptan sin más explicaciones y es, en este proceso, cuando uno no siempre “perdona” en el sentido clásico, sino que aprende a vivir sin que aquello siga ocupando todo el espacio emocional.
A lo mejor esa es la clave. Quizá no tenemos que absolver a nadie de sus pecados, ni estamos obligados a reconciliarnos con quien nos produjo dolor. Igual debemos soltar esa necesidad de respuesta, de justicia perfecta o de un cierre ideal, porque a lo mejor solo tenemos hechos y los hechos son los que son, nos gusten o no. No podemos cambiar el pasado con una perspectiva de presente o futuro.
Y si esto es lo que consideramos como perdón, pues bien, y si no… pues también. Al final, no es la palabra usada para nombrarlo, sino lo que consigues hacer con el peso que llevas dentro.





