Escribir cartas, Sigmund Freud y Virginia Woolf
Y por qué hubiéramos sido muy buenos amigos
Son solo 9 días los que llevamos de año y pasarse a escribir era más una necesidad que una obligación. Pensaba que el mundo Substack se iba a llenar con bastantes posts hablando de los propósitos de año nuevo, pero debo tener muy bien elegidas a las personas que sigo de forma habitual ya que todavía no me ha saltado ni uno solo, afortunadamente para mí.
En mi caso, este año he cambiado el patrón. Lejos de los infernales listados a los que mi propia mentalidad me sometía años atrás y dado que me causaban más ansiedad y frustración que otra cosa, este año he decidido que nada de propósitos irreales que no convencen a nadie, solo una idea, mi propio movimiento slow life.
1.- Qué va a ser para mí, el movimiento slow life.
En el último tráiler de mi 2025, la protagonista era una persona con una vida frenética que tenía la sensación de correr mucho y no llegar a nada. ¿Recuerdas esos sueños en los que quieres huir de un malo y no hay forma humana de conseguirlo? Esa fue mi vida de octubre a diciembre del pasado año. Y llegué, pero no disfruté.
Eso fue lo que hizo click en mi mente. No quiero vivir corriendo sin sentir que es lo que estoy haciendo, solo en piloto automático y sin dejar que los días cuenten. Quiero estar más presente, más para mí y más para los míos. Otro motivo que me llevó a darme cuenta de esto fue la inmediatez en la que me vi absorta y con la que seguro te ves representadx: aplicaciones de mensajería siempre con notificaciones, scroll infinito que no cesa, libros cogiendo polvo en la estantería y alegar poco tiempo para no darles el momento que merecen… un sinfín de cosas que hacían que entrase en una rueda de la que no quería formar parte, o no al nivel al que estaba.
No voy a hablar de dopamina, no soy Marián Rojas Estapé, pero si puedo decir que esa vida intensa era para mí de todo menos vida. Veía videos en 2x, escuchaba podcast en 2x, leía los titulares de noticias poco importantes para mí sin leer siquiera el contenido, y los libros de los que disfrutaba me los tomaba más como un desafío a mi velocidad de lectura, que como un disfrute en sí mismo, y gracias…. pero no, gracias.
No digo yo que ahora me vaya a ir al monte y a ser una ermitaña, pero llevo 9 días estando más presente y puedo decir que descanso mejor, me concentro mejor y retengo más información. E incluso, puedes creerme o no, pero me siento con más energía y más feliz, más en paz conmigo.
2.- Que trae aparejado mi slow life.
En mi afán por querer ralentizar el tiempo, he podido escribir más cosas. Estrené nuevo diario (no lo hice a propósito, es que el otro se acabó justo cuando debía) y me permití explayarme más en sus páginas de lo que habitualmente tengo marcado. Conforme iba escribiendo y exponiendo mis pensares, muchos recuerdos se agolpaban en mi mente, como una infancia en la que por medio de la revista Super Pop la gente ponía su dirección postal y podías escribirte con ellos de forma epistolar.
Estarás de acuerdo conmigo en que eso es algo que la sociedad moderna también nos ha quitado. Que no digo yo de volver a las palomas mensajeras, entiéndeme, pero a mí me haría ilusión mandar cartas y recibir cartas, ya de escribir, que no se quede solo para mí.
3.- Por qué creo que hubiera sido amiga de Sigmund Freud
Tú igual no lo sabes, pero Sigmund Freud, Virginia Woolf y yo hubiéramos sido muy amigos. Falla que fallecieron antes de que yo naciera, pero por lo demás…
Quizás no sabes ni quiénes son, pero aquí está tu substackera de confianza para hacerte llegar esta píldora de conocimiento, coge palomitas y ponte cómodx!
Sigmund Freud fue un neurólogo austriaco súper conocido por ser el fundador del psicoanálisis. ¿El Psico qué? El psicoanálisis, una teoría psicológica y un método terapéutico que explora el inconsciente para entender cómo procesos mentales ocultos, recuerdos infantiles y conflictos reprimidos, influyen en el comportamiento, pensamientos y emociones actuales, buscando resolverlos mediante técnicas como la asociación libre para, entre otros beneficios, aliviar el sufrimiento psíquico. Ahí es ná.
Te cuento esto, porque Freud era un incansable escritor de cartas. Mantenía correspondencia con amigos, discípulos y otros compañeros de profesión. Para él, escribir cartas no era un gesto social aleatorio, era una extensión de su trabajo intelectual, ya que por medio de sus cartas pensaba, ensayaba, rectificaba y afinaba conceptos. Sus cartas le funcionaron como un laboratorio íntimo donde la teoría aún no necesitaba ser definitiva. Literalmente, pensaba escribiendo cartas.
Su correspondencia se sigue estudiando a día de hoy casi como una obra teórica paralela. Muchas ideas del psicoanálisis aparecieron antes en sus cartas que publicadas.
Si me vas a decir que escribía cartas porque no tenía redes sociales, ahórratelo. No veo a Freud diciendo:
Y estoy más que convencida de que tú tampoco.
Virginia Woolf fue una de las figuras centrales del modernismo literario británico. Novelista, ensayista y editora, exploró como pocos la conciencia, el tiempo interior y la experiencia subjetiva y todo desde el prisma femenino, algo nada sencillo si tenemos en cuenta que de esto hace unos 100 años, ¿entiendes cuándo te digo?
Para Woolf, las cartas eran un espacio de pensamiento sin censura. Aparte de sus obras publicadas, mantuvo correspondencia personal con amigos, familiares y escritores, donde podía dejar ver su propia personalidad sin la presión de una obra acabada con una escritura más directa, honesta y reflexiva. En sus cartas se mantenía a caballo entre lo cotidiano y lo filosófico, la fragilidad emocional y la lucidez crítica. En un mundo que, por aquel entonces, comenzaba a acelerarse, la escritura — y más particularmente la escrita a mano — se convertía en una forma de atención, resistencia y verdad.
4.- ¿Qué saco yo en claro de todo esto?
Aparte del hecho de que me da rabia que no se puedan escribir cartas a mano con tanta frecuencia como se hacía hace cien años y que me quedo con las ganas, creo que saco algo bueno. Yo no soy Freud ni tampoco Woolf, quizás mis pensamientos sólo puedan quedar plasmados en mis propios diarios, pero el día de mañana cuando yo desaparezca, lo tangible podrá servir para que alguien que no ha convivido en mi tiempo y espacio, llegue a conocerme y eso, al menos por ahora, me abre una ventanilla de esperanza.
📚 Bibliografía
Freud, S. (1960–1974). The letters of Sigmund Freud (E. L. Freud, Ed.). Basic Books.
Freud, S., & Jung, C. G. (1974). The Freud/Jung letters: The correspondence between Sigmund Freud and C. G. Jung (W. McGuire, Ed.; R. Manheim & R. F. C. Hull, Trans.). Princeton University Press.
Gay, P. (1988). Freud: A life for our time. W. W. Norton & Company.
Jones, E. (1953–1957). The life and work of Sigmund Freud (Vols. 1–3). Basic Books.
Lee, H. (1996). Virginia Woolf. Vintage.
Woolf, V. (1975–1980). The letters of Virginia Woolf (Vols. 1–6; N. Nicolson & J. Trautmann, Eds.). Harcourt Brace Jovanovich.
Woolf, V. (1986). The diary of Virginia Woolf (Vols. 1–5; A. O. Bell & A. McNeillie, Eds.). Harcourt Brace Jovanovich.





