Gran lección semanal
A veces parece que las semanas vienen acompañadas de lecciones, ideas brillantes o una versión mejorada de nosotros mismos, pero siento defraudarte si esperabas que ahora dijera que la mía ha sido así porque no lo ha sido para nada.
Esta semana tuve un evento familiar importante en Jaén, por lo que los movimientos de martes y miércoles vinieron a ser algo así como Asturias-Granada-Jaén, Jaén-Málaga-Asturias. Vamos, como que el miércoles en la tarde estaba sentada mirando al mar en una playa de Torremolinos y a las dos de la mañana estaba durmiendo en el norte tan ricamente.
No he aprendido nada revolucionario.
No he descubierto el secreto de la productividad escondido entre las páginas de un libro de Brian Tracey, ni encontré el equilibrio perfecto entre hacer las cosas y descansar mientras me comía una galleta desayunando. Pero lo que si que he hecho, es confirmar algunas pequeñas verdades que, ahora mismo, me parecen suficientes.
Qué un rato con la gente que quieres arregla más de lo que debería.
Yo tuve esa suerte estos dos días, de tener concentrada a la mayor parte de lo que tengo y lo que soy en el mismo punto geográfico. Quizás mi mal humor tras tantas horas de soledad, se volvió un poco menos amargo en su compañía, y eso me hizo mucho bien. No estuve agobiada pensando en que esta semana que viene tengo los exámenes de final de cuatrimestre. Tampoco por todos los mensajes que no pararon de sonar. Me centré en ser hija, hermana y novia, en estar para esos que siempre están para mi. En ver la felicidad en el rostro de quienes me acompañan y pisan suelos que pisé, y esto me ha parecido la mayor de mis conquistas en mi lista de ToDo’s semanal.
Supongo que crecer consiste en esto: en dejar de buscar constantemente momentos enormes y aprender a reconocer los pequeños descansos entre tanto caos.
Conseguí, con el silencio, poder escuchar y entender, comprender y acompañar y eso me ha parecido la mejor de las respuestas.
Otras pequeñas verdades que descubrí esta semana
Que hay conversaciones de coche que duran poco, pero se quedan mucho.
Que hay personas que funcionan como un lugar seguro aunque estés lejos de casa.
Que el cuerpo siempre acaba avisando cuando la maleta mental lleva demasiado tiempo sobrepasada de ropa.
Que algunas personas te devuelven a ti mismo sin darse cuenta.
Que hay abrazos que bajan el volumen del mundo entero.
Que descansar no siempre se siente productivo, pero sigue siendo muy necesario.
Que recordar de donde vienes, te puede conectar con el recuerdo perdido del “a dónde vas”.
No todas las respuestas llegan siendo productivo, algunas lo hacen cuando el ruido deja de sonar.
Siento si esta carta es breve, la semana que viene volveré a mi temática habitual, pero no quería dejar pasar la oportunidad de recordarte que lo estás haciendo bien, pero que hacer más de lo que se debe no es necesario y que a veces, con permanecer, es suficiente.
¿Cómo ha ido tu semana? puedes dejarme algo escrito en comentarios, me hará mucha ilusión leerte!




