La trampa del "debería"
La toma de decisiones, la autonomía y la desvinculación de expectativas externas.
Mi vida, como he dicho en ocasiones anteriores, ha cambiado mucho a lo largo de los años. En el devenir de eventos con alguna significación transcendente para mi día a día, me cuestiono en muchas ocasiones el hecho de que por decidir algo, automáticamente rehuso de elegir otras opciones. Evidentemente, alguien que da tantas vueltas a las cosas como lo hago yo, se cuestiona temas como los siguientes:
¿Qué me lleva a alegir esto y no aquello?
¿Es a caso una decisión motivada por algo intrínseco dentro de mi?
¿Son mis pulsiones, conscientes o inconscientes, las que determinan mi camino? y de ser así ¿cómo?
Ciertamente sentimientos, emociones, argumentos, costumbres… numerosas variables hacen que mi comportamiento se guíe en una dirección, pero amig@ mío, hemos llegado al punto en que automáticamente te planteas que tomar decisiones, deja fuera de tu campo de opción otros caminos y que, por ende, se elige mientras se deja de elegir. No se me entiendes.
Yo no soy la única persona que se ha planteado esto; Albert Ellis, Carl Rogers, Viktor Frankl, entre otros, se sentaron en su partida de vida con las decisiones por tomar y analizaron en el contexto lo que para ellos era mejor dejando fuera otras opciones. Hoy os voy a hablar del Albert Ellis, así es que ponte cómod@.
1.- Albert Ellis y la trampa del “debería”.
Albert Ellis fue uno de los primeros psicólogos que hizo hincapié en algo que sigue siento tremendamente actual.
No nos perturban los hechos, sino lo que nos decimos sobre ellos.
Dentro de nuestro diálogo interno aparece en más de una ocasión una palabra considerablemente peligrosa: “debería”. Ellis se percató de que una gran parte del sufrimiento emocional proviene de las creencias rígidas e irracionales que formulamos como si de exigencias absolutas se tratase, tales como;
Debo hacerlo todo perfecto.
No debería equivocarme.
No debería decepcionar a nadie.
He descubierto a Ellis cuando leía el libro de la Biblioteca de la Medianoche, en que la protagonista podía vivir todos los mundos de opciones que tuvo en su momento y no eligió, es decir, aquellos descartes que no consideró por elegir otra opción. Ellis llamaba a esta trampa del debería “musturbation” con el ácido toque del “must” traducido al castellano como “deber”.
Realmente, lo que nos genera el sufrimiento en la toma de las decisiones, no es la elección en si, sino la exigencia rígida. Desear algo es humano, todos tenemos nuestros anhelos, pero exigir que ocurra y castigarte si no sucede, es lo que es destructivo.
2.- Los tres grandes “debería”.
Para Ellis había tres núcleos centrales, y estoy segura de que con alguno te vas a identificar:
Las exigencias a uno mismo; lo que consideras que debes ser y que si no se cumple, te hace sentir vergüenza y culpa.
Las exigencias hacia los demás; lo que consideras que debes recibir del resto y que si no se cumple, te genera ira o resentimiento.
Las exigencias hacia la vida; porque ya de quejarnos, nos quejamos por todo. Estas hacen referencia a las consideraciones que tienes respecto a la vida, creyendo que debe ser fácil y justa. Cuando no lo es o consideras que no se cumple, entras en una frustración constante.
De verdad, no te escondas, todos hemos pasado por estas cuestiones en alguna ocasión, pero hasta ahora que me lees, no has sabido ponerle nombre, ¿no es cierto?
3.- Como yo lo veo.
Esta semana, en una clase de psicología, hablábamos de la importancia de hacerse cargo cada uno de sus propios problemas y responsabilidades. Es sencillo de comprender si cada uno imagina su cuerpo dentro de un globo, por ejemplo, al pensar en esto que te he dicho ¿de qué color es tu globo? el mío rosa.
Pues bien, yo tengo mi vida dentro de mi globo rosa, pero no puedo controlar lo que sucede en tu globo, porque es tu responsabilidad, por lo que cuando se acerca a mi oído el susurro de “deberías hacer más cosas”, me siento dentro de mi globo y pienso, a ver, hacer más cosas en comparación con quién, ¿con esa otra persona de otro globo? ¿con mi yo del pasado? y hacerlo real. Es decir, si viene de algo que yo pienso, paso de tener mi globo con mis deseos, para ponerlo con mis exigencias y entonces mi globo se pone más rojo que rosa y con sensación de que va a estallar.
Evidentemente todo este razonamiento me sirve para con mi propio globo, ya que en realidad, creo que todo el mundo es consciente de sus limitaciones. Al tener alineados, en cuanto a mis pensamientos, los caminos que quiero tomar, puede que a futuro me equivoque, el tiempo lo dirá, pero la decisión ha sido motivada por algo intrínseco y no por algo externo, ajeno, que no me representa y que sale del deseo en lugar de hacerlo de frustración.
Si hablamos de las cosas a esperar del resto, ellos tienen sus propios globos en lo que pensar y son más importantes que mi globo en sus propias vidas, por lo que muchas de esas exigencias que a veces de forma inconsciente hacemos al mundo, a muchas de esas cosas que esperamos recibir de otros y no llegan, son de nuevo pulmones propias porque cada cual toma sus decisiones en su propia vida.
Finalmente, respecto a lo que esperamos de la vida, eso sólo lo puedes decidir tu. Es decir, no podemos decidir como vendrá la carretera, pero si a qué velocidad voy, cuando freno, o en que miradores decido parar a observar el paisaje.




