Lo que te define cuando nadie mira: tus principios
En algún momento de nuestras vidas, todos hemos hablado de principios. Al mencionar que una persona “tiene principios”, hacemos alusión al hecho de que tiene su carácter definido y posee unas convicciones firmes.
Conforme avanzas a la edad adulta, tener principios se convierte en tu bien más preciado, aquello a lo que aferrarse cuando todo lo demás cae. Puedes sentarte a observar como muchas personas van preocupadas por la ropa que se ponen, pero no por tener unas convicciones que les ayuden a dirigir su vida.
El mundo actual es acelerado y cambiante, hablar de principios puede considerarse anticuado. Sin embargo, son éstos el ancla que da sentido a nuestras decisiones, el criterio que nos guía cuando las cosas no están demasiado claras.
Y ahora estarás pensando “muy bien Jenn, pero ¿qué son los principios?” a eso vamos.
¿Qué son exactamente los principios?
Como bien habrás descubierto ya, me encanta el mundo desde su perspectiva más psicológica. Cómo se desenvuelve la persona en la sociedad y en su propio mundo interior. Desde esta perspectiva, podemos entender los principios como los esquemas mentales que organizan la conducta. Están muy relacionados con los valores, pero son mucho más operativos. Por diferenciarlos; los valores expresan lo que consideramos importante mientras que los principios guían cómo actuamos en base a ello.
A nivel psicológico, funcionan como marcos de referencia internos que nos ayudan a simplificar nuestra toma de decisiones. En lugar de partir de cero ante cualquier situación, recurrimos a ellos para actuar de un modo coherente y consistente.
¿Para qué sirven a nivel psicológico?
Tal como he mencionado anteriormente, nos ayudan en la toman de decisiones y no partimos de cero frente a un problema acuciante, pero no es sólo eso lo que nos aportan:
Reducen la incertidumbre: nos ayudan a tomar decisiones más rápidas evitando que nos paralicemos ante muchas opciones posibles.
Generan coherencia interna: evitan las contradicciones entre lo que pensamos y lo que hacemos, evitando así la fricción y, por ende, el malestar psicológico.
Refuerzan la identidad personal: son propios, es decir, cada persona tiene los suyos y forman parte de quienes somos mientras que también nos diferencian de los demás.
Facilitan la regulación emocional: en la vida hay momentos de duda o conflictos. Aferrarnos a nuestros principios y actuar conforme a unos principios claros, ayuda a reducir la ansiedad.
Aumentan la resiliencia: cuando dispones de unos principios sólidos, podemos mantenernos más firmes frente a la presión externa.
A diferencia de las normas o las reglas, los principios se imponen desde dentro y los forman las experiencias, los valores, la cultura y la reflexión personal por los acontecimientos que te suceden en la vida.
Algo más personal.
Conforme me acerco a la cuarentena, no puedo evitar hacer evaluaciones de mi propia vida, de mi forma de ser y mis acciones, tanto para conmigo como para con mi entorno. Estuve durante 11 años en una empresa a la que dediqué más horas de las que merecían (y vida, dicho sea de paso). Aunque en mi juventud había afianzado principios de los que hoy conservo ya que no soy Groucho Marx, observé principios en otras personas a los que no me gustaría acercarme nunca en la vida.
Tuve una compañera que se incorporó a la empresa tras un descarado entramado de pena, dudosa verdad y alta dosis de desplazamiento reptante. Llevábamos muchos meses peleando por una subida de salario, con varias reuniones conforme a ello y con un largo camino recorrido, pero ¿qué sucedió? Que en la primera reunión en que la presentaron ella quería un puesto en el nido. En su partida de cartas contaba ya con el as de “qué mal lo estoy pasando” pero sabía que no era suficiente para ganar la partida, necesitaba la baza de ganarse al jefe, por lo que ella argumentó que trabajar 8 horas por el mísero salario que nos pagaban era suficiente (el SMI) ya que ella venía de Madrid con menos y vivía allí estupendamente.
El silencio en aquella sala de reuniones fue ensordecedor. Automáticamente se granjeó el favor del superior de turno al que quería encandilar y sacó de la mesa todo por lo que tanto habíamos peleado. Para sorpresa de nadie, meses después se iba quejando a todo el mundo de que el salario era irrisorio y que se iba a buscar otra cosa porque no le alcanzaba para vivir.
Ahí me di cuenta de que uno de los principios que tengo más arraigados es el de “no pises a nadie subiendo, no vaya a ser que le tengas que ver la cara bajando”. Ese principio se mantiene firme en todo lo que toco y aunque observo con suma curiosidad las jugadas de terceros, agradezco por mantener intacto mi pensar respecto a lo que viene siendo el acto de trepar.
En todos los casos, lo que he podido observar es que la gente que es así tiene tan poco que ofrecer y se siente tan vacío, que no merece la pena ni como persona para una relación de amistad pues, por norma general, las relaciones se basan en la confianza y esas personas carecen del principio indispensable que te permite bajar la guardia en su compañía.
Cuatro figuras interesantes para que entiendas lo que son los principios.
A lo largo de la historia, muchas personas ilustres han destacado no solo por sus logros, sino por lo firmes que son sus principios. Vamos con ellos:
Steve Jobs y su obsesión por la excelencia.
“La innovación es lo que distingue a un líder de los demás”
Steve Jobs.
Creo que no haya nadie en el mundo que no lo conozca. Tanto si eres fan como detractor de la manzana mordida, sabrás que sus productos destacan por calidad. Jobs defendía la máxima de querer hacer productos extraordinarios, no simplemente buenos. Su enfoque en detalle y calidad marcó el rumbo de Apple y redefinió industrias enteras. Para él, la simplicidad era una forma de respeto a los miles de usuarios que adquirían y usaban diariamente sus productos. Creía que eliminar lo innecesario era tan importante como crear algo nuevo.
Michelle Obama – la integridad y el compromiso social.
“El éxito no se mide por cuánto dinero ganas, sino por la diferencia que marcas en la vida de los demás”.
Michelle Obama
No hace tanto que descubrí su persona. No me malinterpretes, sé que es la mujer del expresidente Obama, pero me refiero a su propia persona y a todo lo que tocaba y convertía en luz. Michelle ha destacado por su defensa de la educación, la igualdad de oportunidades y la importancia de los valores familiares. Su principio fundamental gira en torno a la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace (¡admirable!)
A lo largo de su trayectoria pública, ha promovido la responsabilidad personal, el esfuerzo y la empatía como pilares fundamentales para el progreso individual y colectivo. ¿De verdad no te fascina?
Reflexión final
Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad – y la responsabilidad – de definir nuestros propios principios. No se trata de copiar los de otros, sino de inspirarse en ejemplos como los anteriores para construir tu propio marco. Porque al final, no son las circunstancias las que definen quiénes somos, sino los principios que decidimos seguir.






