Necesidad de orden para salir de la tristeza
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Hace un par de semanas, volviendo de la primera quedada con mi hermana en la ciudad de Lugo, se me estropeó el coche. De golpe, en la salida de una curva, un fuerte ruido metálico me hizo pisar el freno y dejarlo parado en la orilla de una carretera comarcal con demasiado tráfico. No había nada que visiblemente pudiera augurar lo que sucedió después, pero a eso ya llegaremos. Una vez parado en vehículo y tras las comprobaciones de rigor, me dispuse a enfundarme ese maravilloso chaleco amarillo que no resalta absolutamente nada de quién se lo pone, pero que facilita el ser visto y no morir atropellado (punto a favor).
Seguidamente, me dispuse a poner los triángulos que llevo en el maletero del mismo, y pensarás: ¿los triángulos Jennifer? ¿los triángulos?. Si Jose Luis, sí, los triángulos, porque muy guay el tema de la baliza (que puse posteriormente), pero en la curva en la que me hallaba señalaba más bien poco. Así es que, triángulos por seguridad, baliza por evitar una multa. ¡De lo que tengo que estar pendiente!
No me escondo, no iba a poner ni la baliza, pero aquí viene el segundo punto de mi reflexión. Mientras esperaba a la grúa, móvil en mano, pude observar como 3 trabajadores forestales, continuaban su andadura por la misma carretera en la que yo me había quedado tirada. Primero hacia abajo, luego hacia arriba, después hacia abajo otra vez. No se si sus pretensiones se debían a la mera comprobación visual de lo que allí acontecía o suponían en mi persona una falta de perspicacia respecto a como solventar el problema que yo no había creado voluntariamente. Ay, angelitos. En su cuarto viaje, esta vez hacia arriba, decidieron acercarse a donde yo me localizaba tratando de resolver el tema verbalizando las preguntas de rigor, que son las que siguen:
¿qué le ha pasado a tu coche? —> no lo sé
¿necesitas algo? —> no
¿tienes la baliza? deberías ponerla para evitar una multa
Y danto, tras este breve contacto verbal, por resuelto el problema y por ende, su andadura por el asfalto en el punto kilométrico en que mi vehículo había decidido ponerse enfermo.
90 minutos de grúa y taxi después, sólo tenía una respuesta: mi coche tenían un fallo que pudiera ser por la distribución (sin concretar nada exacto) y que taxista estaba enfadado porque su mujer le había sido infiel y sus hijos de 28 y 21 años no le hablaban.
1.- Por qué yo estaba y he estado triste.
Sí, estaba triste porque mi coche se rompió. Estoy triste porque se ha roto el motor tras haberse clavado la biela, previamente partida, en el bloque motor, lo que lo ha hecho inservible, evidentemente. Estoy enfadada y triste porque cuando yo compré mi coche, se me dijo por muchas vías diferentes que el mismo, llevaba el motor “irrompible” de la marca y que tendría coche para una vida entera. Y sí Jose Luis, si me vas a decir que un problema que se arregla con dinero, no es un problema, no me fastidies. A mi la vida no me ha preguntado como me venía esto, económicamente el que maneja los hilos no me ha preguntado: a ver señorita García, cómo le viene a usted que la última semana de julio se le estropee el coche y tenga que comprar uno, al precio al que están o que tenga que arreglar el suyo. MAL, es como me va, MAL.
Así es que, siendo yo consciente de que es un problema con solución, no quiero se minimice mi problema. Un problema de dinero es también un problema, y aunque tiene solución, sigue siendo un problema. Pero claro, no quita para que yo me siga sintiendo triste porque me gusta mucho mi coche y no quería que esto sucediera.
2.- Personas que han estado tristes en la historia y a las que nadie les dijo que el problema tenía solución porque se arreglaba con dinero.
Analizando mi comportamiento y comprobando si de verdad yo estaba tan loca o tan fuera de raciocinio como para que todo el mundo pareciera tener una supuesta razón que yo no alzaba a ver, recordé casos de personas a las que nadie tuvo cojones a decirle un : “estás triste, no estés triste”.
El Principe Enrique de Portugal y el trauma de su plato congelado: apodado como “el Navegante”, mote ya de por si triste, pues nunca navegó, nuestro príncipe cayó en una profunda depresión y aislamiento que le duró varias semanas. ¿La causa? sencilla, durante un viaje, su cocinero personal no calculó bien los tiempos de cocción de una sopa de pescado y el cocido quedó un poco tibio, tirando a frío. Enrique se encerró en sus aposentos y declaró que “la frialdad de su plato era un reflejo de la frialdad del universo hacia su alma”. Ahí estuvo don Enrique, semanas mirando por la ventana en silencio, por culpa de su sopa fría.
Gérard de Nerval y la muerte de su…¿langosta?: igual no le conoces, pero Gérard era un poeta romántico francés, célebre por su melancolía crónica y un romanticismo desbordado. En 1840 la vida le dio un revés que le sumió en la más profunda de las penumbras emocionales, y todo ello por la pérdida de su langosta marina Thibault. Él acostumbraba a pasearla por los jardines del Palais-Royal en París atada con una cinta de seda azul. Cuando murió, el poeta dijo que él era el único que entendía su alma porque “las langostas no ladran y conocen los secretos del mar”.
3.- Qué puedes hacer si se rompe tu coche, te sirven sopa fría o se muere tu langosta.
Cómo aquí venimos a buscar soluciones y no más problemas, te voy a dar soluciones a la tristeza desde un punto de vista psicológico.
El principio de la “Activación Conductual” - El efecto de ordenar: desde el punto de vista de la terapia cognitivo-conductual existe una máxima: la acción precede a la motivación. Esto quiere decir que esperar a sentirse bien para ordenar o hacer alguna cosa, siempre es una trampa, y más con tristeza, pues la tristeza paraliza. Al ordenar la casa, tu cerebro busca patrones predecibles. Si tu entorno es caótico, tu cerebro aumentará los niveles de cortisol y saturación cognitiva, mientras que al ordenar un cajón o los libros de tu estantería, tomas el control y le demuestras a tu mente que hay otras cosas que si puedes controlar. Obtienes con ello micro-victorias y creas claridad visual, reduciendo los estímulos exteriores y calmando a la mente por dentro.
La “Defusión Cognitiva” o lo que es lo mismo, aprender a desacoplarte de tu mente: esta técnica proviene de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Cuando se te estropea el coche o te sirven una sopa fría, tendemos a identificarnos al 100% con el pensamiento destructivo, es decir, nuestra cabeza repite el mismo pensamiento “vaya ruina de coche, vaya ruina de día”. Lo mejor que puedes hacer, es tomar distancia de tu propio pensamiento y verlo en perspectiva, ser consenciente de que ese pensamiento es fruto de una mente estresada y no una verdad absoluta. Cambiar el “mi vida es un desastre” por el “estoy teniendo un pensamiento de que mi vida es un desastre” te sitúa por encima de tu propio pensamiento y no lo asume como algo real y veraz, lo pone en esa perspectiva en que se le quita carga emocional.
La regla de la validación radical o “el derecho al pataleo”: uno de los mayores amplificadores de nuestra tristeza es la denominada tristeza secundaria, esto es el estar tristes por una causa A y que encima los demás le resten importancia diciendo “no es para tanto”. Esta técnica consiste en dar permiso a la emoción para que exista durante un acotado tiempo, es decir, en lugar de intentar primero solventar inmediatamente el problema o aceptar que lo tienes, permitirse estar triste un tiempo para luego atajarlo. Ese tiempo no son semanas, son unos 5 o 15 minutos, en los que te permites quejarte amargamente de lo mal que te sientes y de la rabia que te produce que te haya pasado lo que sea que te pase, como que se salga la biela del motor y rompa todo. Pasado este tiempo, la emoción no se habrá esfumado, pero le has quitado el peso de tener que resolverla de modo inmediato.
La toma de contacto fisiológica o lo que es lo mismo, el escáner corporal: cuando estás triste o frustrado, se activa tu sistema nervioso simpático o te sumen en un estado de letargo. A veces no vamos a poder convencer a la mente de que nada pasa cuando el cuerpo ya está inundado de hormona del estrés. Para cambiar ese estado, debes ayudar a tu cuerpo a relajarse, y puedes hacerlo de dos maneras:
Dos inhalaciones profundas por la nariz, una larga y otra corta para llenar los alvéolos al máximo, seguidas de una exhalación muy lenta por la boca. Hacer esto unas 3 o 4 veces reduce tu frecuencia cardíaca.
Cambiar la temperatura (o denominado también “reflejo de buceo”. mojarte la cara con agua muy fría durante 15 segundos, provoca una bajuno inmediato del sistema nervioso.
4.- Conclusiones.
Mi coche se ha roto, a Enrique le sirvieron sopa fría y a Gérard se le murió la langosta y aunque todo eso se solucionaba con dinero, hay cosas que el dinero no va a poder comprar. Así es que si me ves un poco triste últimamente, con la mirada perdida y sollozando un breve pero intenso “todo me pasa a mi”, déjame, es donde quiero estar los siguientes 15 minutos de mi vida antes de ponerme a respirar profundamente, ordenar la casa y ver el problema en perspectiva para tratar de solucionarlo.




