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Observo con calma el color de las hojas de los árboles. Dentro de poco se tornarán más marrones, el sol dará paso a la lluvia y la manga corta pasará a esconderse debajo de una sudadera fina. Las chanclas volverán al fondo del cajón y serán los zapatos cerrados los que tomen posesión a cargo de tus pies.
Los mojitos y los helados se cambiarán por las tazas de café caliente y los bizcochos, y la melatonina de la piel podrá volverse a acomodar en el sillón de su salón viendo Netflix hasta el año que viene.
El otoño es, para mi, lo que para Toni Stark es la tecnología. Es el mejor momento del año, el verdadero punto de partida del nuevo año. La navidad es un mero trámite en comparación, fechas en que todo el mundo se hace propósitos de cambio que dos o tres meses después quedan aparcados en una servilleta de papel escrita a mano en un bar cualquiera.
El otoño significa nuevos comienzos. Significa niños al colegio con material nuevo, ropa nueva, nuevos amigos y nuevas aventuras que contar pasado el verano. Significa para los adultos el reset pasado el verano, el inicio de otro año en que muchos esperan (amargamente) las vacaciones de verano para volver a ser felices. El otoño huele a leche caliente y canela, a lluvia y aire en las calles, a velas tras el cristal. A colores marrones, beige y naranja. A paraguas y pelo suelo. El otoño huele a planes y organización.
1.- Cómo disfrutar del otoño.
Hay gente muy a favor del verano. La época estival nos da una sensación de libertad maravillosa, pero también de salir sudando de la ducha y de tostarte con 40 grados a la sombra. Habrás vislumbrado ya, que la idea de morir bajo el sol que aplana la península un 15 de agosto nunca fue el sueño de mi vida.
El otoño lo disfruto viendo el cambio en los árboles, las hojas por el suelo, la brisa que mueve mi pelo y que se instala en mi sofá con el petricor. Lo disfruto diseñando el resto de mi año, los objetivos a los que quiero llegar, los planes de acción de cara al nuevo curso universitario, y creando mis planificaciones.
Supongo que planear, aunque es la parte más divertida, es la más tediosa. He probado muchas cosas: agendas en papel, gigantes calendarios de papel pegados en la pared, Notion, Evernote, Obsidian… y al final lo que me funciona es el calendario del móvil junto a la lista de recordatorios.
Si lees por substack entradas estos días, te darás cuenta de que muchas personas te encaminarán a sus sistemas de orden y organización de diferentes modos, pero te voy a aliviar la carga que yo he sentido también alguna vez: no hay un solo sistema universal y funcional para todo el mundo.
Si te va bien organizar tu vida en post it pegados en la nevera, es lo que debes hacer. Entrar en Pinterest en estos días es como poner la teletienda. A todo el mundo le parece que su sistema de organización es el único e inigualable mejor sistema del mundo mundial y no admiten otra opción.
2.- El caos creativo al que todos nos hemos visto sometidos alguna vez.
Si piensas en productividad y organización, creo que todo el mundo tiene en mente las increíbles interfaces de Notion, con sus bases de datos cruzadas aunadas con paneles de control minimalistas. Sin embargo, a lo largo de la historia, las mentes más brillantes mantenían sistemas de organización profundamente personales, extraños y, a menudo, caóticos. Cada una de estas mentes ideo un método que encajaba con su vida y manías. Te cuento los que usaban algunos de ellos:
Benjamin Franklin: este puede ser, quizás, el ejemplo más icónico de estructura metódica. Su enfoque no era de acumular tareas, lo era de gestionar sus hábitos morales y su tiempo. ¿Cómo lo hacía? te cuento:
Diseñó una tabla que contenía 13 virtudes (como la templanza, el silencio, el orden o la humildad). Cada semana nuestro Benji se enfocaba en una virtud concreta, anotando con un punto negro los fallos diarios. Su día se dividía en bloques de 24 horas que contenían 6 horas para dormir, de 8 a 12 horas para trabajar, comer, estudiar…
Psicológicamente comprendió que el control del tiempo empieza por autoconocerse. No buscaba haber más cosas, sino alinear su agenda con sus propios valores en una introspección constante.
Ludwig van Beethoven: como en este substack hablo de todo, este sistema es para aquellas personas que prefieren vivir en su caos controlado. Beethoven vivía de manera contraria a lo que es el orden. Sus partituras se apilaban por todos lados, junto a restos de comida, pero él, fiel a sí mismo, tenía unos micro-rituales que no quebrantaba por nada del mundo.
Su primera obsesión era el café. Contaba exactamente que hubiera 60 granos de café cada mañana para prepararse su taza perfecta. Trabajaba desde el amanecer hasta las 2 de la tarde sin interrupciones y dedicaba sus tardes a caminar, donde llevaba un cuaderno de bolsillo en que apuntaba las melodías que se le iban ocurriendo.
Puedes pensar que nuestro Beethoven no estaba muy bien de la azotea, pero psicológicamente, el mundo mental de un creador es un caos constante de ideas abstractas y el cerebro necesita anclas físicas de control, como el caso de contar los granos del café. Esto pequeño ritual actuaba para él como un interruptor biológico que le indicaba a su cerebro que era la hora de entrar en modo profundo.
Como ellos dos hay más casos. Puedes buscar información sobre cómo escribía sus historias Agatha Christie. Estoy segura de que te va a alucinar.
3.- Qué podemos aprender de ellos.
Cómo ya te dije anteriormente, estos genios nos enseñan que la organización no es un fin en sí mismo, es un traje a medida. Cada persona debe tener un sistema que se adecue a lo que necesite. Por ejemplo, si eres alguien desordenado o caótico, busca un ritual minúsculo que te centre, como hacía Beethoven con los granos de café.
El mejor sistema no es el que tiene más funciones en una pantalla, sino aquel que te permite respirar, enfocar tu atención y avanzar sin culpa. Y tu ¿qué sistema tienes? te leo en comentarios.





