¿Por qué te emocionas cuando muere tu personaje favorito de ficción?
y por qué esto te hace humano.
Ayer terminé de ver la serie Merlí, de la que ya he hablado aquí anteriormente. Sin entrar en detalles, el final hizo que me emocionase lo suficiente como para acabar llorando y no pude evitar preguntarme; ¿por qué nuestro cuerpo y nuestras emociones reaccionan de forma tan auténtica ante algo que sabemos que no ha ocurrido realmente?
Yo sé que es una serie de televisión, que el personaje no es real y que todo está escrito por guionistas pero, aún así, las emociones que yo sentí eran reales.
Después he pensado en que todos, en algún momento, hemos sentido apego por personajes, historias o mundos inventados. Quién no sintió la muerte de Chanquete (te abrazo fuerte si sabes quien era…) ¿y la de Dumbledore? yo recuerdo donde estaba cuando lo leí y recuerdo volver atrás en el libro para ver si realmente era eso lo que sucedía mientras las lágrimas bajaban por mis mejillas.
1.- ¿Por qué nuestro cerebro responde de forma automática a algo que sabe que no es real?
La psicología lleva años estudiando algo similar. Paul Ekman, conocido por investigar las emociones humanas y las expresiones faciales, defendía que estas son universales y automáticas. Nuestro cuerpo responde emocionalmente incluso antes de que tu seas consciente de que eso es lo que realmente está ocurriendo. Es decir, que aunque yo sepa que Dumbledore no es mi abuelo, mi sistema emocional reacciona igualmente empatizando con lo que llega.
El cerebro no distingue tan claramente lo real de lo que no lo es y simplemente nos hemos imaginado. Cuando conectamos en las historias, como yo en el caso de la Merlí, activamos emociones reales como la tristeza, el miedo, la alegría y la nostalgia. Si encima te sientes identificado con un personaje, la historia se vuelve aún más real.
2.- ¿Qué piensa tu entorno cuando te ven llorando por la muerte de Hachiko?
Carl Rogers, uno de los psicólogos humanistas mas influyentes, hablaba de la importancia de sentirse comprendido y emocionalmente conectado. Es por ello, por lo que quizá tantas series o libros nos marquen, porque vemos en ellos nuestros propios conflictos, inseguridades o deseos. No siempre lloramos por el personaje, a veces un Merlí representa una etapa de tu vida, una idea o partes de ti mismo que ves ahí reflejadas.
3.- Si mi cerebro no distingue lo que es real de lo que no, ¿puedo engañarle?
Recuerdo una entrevista de Rafa Nadal de hace años en que decía que antes de una competición, se paraba a meditar y a realizar visualizaciones de él obtenido la victoria. Si el cerebro responde emocionalmente a la ficción, ¿tienen lugar aquí las “manifestaciones” a las que todo el mundo hace mención para obtener una mansión en Dubai?
Son numerosas las personas que utilizan técnicas de visualización para acercarse a objetivos personales o deportivos. Deportistas profesionales, como el caso mencionado anteriormente, dedican unos instantes a verse ganadores, pero en este punto creo que todos tenemos clara ya una cosa; nada ocurre por arte de magia.
La psicología ha evidenciado que imaginar determinadas acciones o escenarios puede influir en nuestra motivación, nuestra confianza e incluso nuestro rendimiento. Si imaginamos algo de modo tan intenso, el cerebro activa regiones similares a las que utilizaría si realmente lo estuviéramos viviendo. No nos engañemos, esto no significa que porque pienses algo de forma intensa, al abrir los ojos te lo entregue el universo como dicen algunos gurús de internet.
La evidencia científica no respalda que un pensamiento, por sí solo, transforme mágicamente la realidad, pero sí muestra que nuestras creencias e imágenes mentales pueden modificar como actuamos, qué oportunidades percibimos y cómo interpretamos lo que nos ocurre. Es decir, imaginar no crea milagros, pero sí puede cambiar nuestra propia conducta, teniendo esto ya un impacto enorme.
4.- Conclusión
Quizá tras todo lo anterior entiendas que la pérdida de un personaje a través de una pantalla pueda hacerte llorar de verdad, porque el cerebro humano no vive únicamente de hechos objetivos. Nuestro cerebro también vive de símbolos, historias, recuerdos e imaginaciones. Lo que sentimos frente a una pantalla puede no haber ocurrido en el mundo real, pero sí que ocurre dentro de nosotros y, al final, la experiencia emocional forma parte de tu propia identidad.
Así es que no, no es absurdo llorar por el final de Merlí, creo que en el fondo, habla más de lo profundamente humanas que son nuestras emociones, que de la ficción en sí misma.





