¿Tendrías sitio en mi mesa?
O es un "contigo no, bicho"
Escribo esto sentada frente a la ventana de la casa que temporalmente disfruto de Cantabria. Podrás pensar que lo hago disfrutando de unas vistas alucinantes o que la montaña o el mar me ponen ojitos desde el otro lado del vidrio, pero nada más lejos de la realidad. La ventana si está abierta, es el único modo de combatir el asfixiante calor que asola la zona norte del país, pero claro se ha metido en mi casa y no deja espacio para absolutamente nada más. Ha ocupado tanto espacio, que no deja sitio ni para las horas de sueño. Qué tiempos aquellos en los que el fragor de la batalla nocturna daba paso a la más absoluta de las quietudes, que sólo se fragmentaba por una visita mañanera al baño o la comida en la mesa de un domingo.
Ahora todo eso ha cambiado. Ser adulto no implica manual, salvo el de Hacienda para el pago de facturas, impuestos, combustibles y obligaciones para las que nadie te prepara. Aún recuerdo aquellas clases con D. Salvador, (que alguien le guarde en su gloria), en que entre gritos y tiradas de tiza auguraba ya el hombre que cabía la posibilidad de que algunos de nosotros no llegáramos a ser “alguien” en la vida. Y digo yo, Salvador, que ya te podías haber ahorrado el discursito, porque cuando sientas que no eres nadie, deja de pagar la declaración de la renta. Ahí entenderás que eres alguien, con nombre, apellidos, y un numerito, para que no se te olvide de paso que dentro de tu significado, continúas siendo insignificante.
Qué te quieren decir cuando te hablan de ser “alguien”.
Probablemente no te has parado a pensar en las implicaciones dañinas que tiene esta frase. Ser alguien, ja, cómo si pudieras librarte!! en el peor de los casos puedes ser “el idiota” y al menos tienes una etiqueta a la que aferrarte. Pero no, probablemente no es en el idiota en quién esperan que te conviertas. A lo mejor el mundo espera otra cosa sobre ti, y aquí es dónde yo quiero llegar.
En una ocasión, una gran ejecutiva del Salón de su Casa, que dictaba decretos verbales desde el Departamento del Mando de la Televisión y avalados con unos 30 años de experiencia ininterrumpida, me dijo de modo poco sutil que por no tener una carrera universitaria, era yo una don nadie. ¡Ya la hemos liado! ¿Pero no era yo a caso la persona que se esforzaba por ser alguien? ¿Ya no era, tan siquiera, ni la idiota? a golpe de cucharón y tartera, la empresaria del hogar sin estudios reconocidos (ni educación demostrada, dicho sea de paso) trató de poner sobre mí, sus más absolutas frustraciones. Me llevó tiempo entender que en aquella ocasión, no era sobre mí sobre quién se hablaba, pero ahí me llevé una gran lección: no puedes dejar que cualquiera se siente en tu mesa.
La teoría de las sillas.
A lo largo de tu vida, vas a encontrar sitios en los que tu persona parece no encajar: amigos, parejas, entornos profesionales… te llegarán mensajes como el que emitió Ms. Croqueta tiempo atrás y que, si careces de una personalidad relativamente fuerte y estable, te llevará a cuestionarte si ese mensaje es o no acertado. Ahí es donde te tienes que parar a pensar y considerar el hecho de que a lo mejor no es el mar correcto ese en que navegas. Entiéndeme, que te veo venir. Si un AMIGO te hace una crítica constructiva, puede doler, pero es para ayudarte a mejorar, ahora bien, ni todo el mundo es amigo, ni todo es crítica constructiva. Cuando tengas dudas piensa en la teoría de las sillas.
¿Qué dice esta teoría? narra que todos venimos al mundo con una mesa rodeada de sillas. Habrá sillas que estarán más tiempo, como la de tus padres, tus hijos, tus amigos de verdad o tu pareja. Habrá otras que serán temporales; una amistad de infancia que se desvanece en el tiempo, una pareja que se rompe… y habrá otra mucha gente que es mejor que si come, se quede de pie.
Claro, es tu mesa y es importante para ti, por lo que tú decides quién se sienta a tú mesa. Esta mesa no es la de un banquete de bodas en que se sienta hasta el primo segundo de la tía tercera de tu abuela Marisol, no. Tu mesa es un espacio chico, donde se comparten verdades, silencios incómodos y la felicidad a manos llenas. Una mesa en que la comida es de todos y se comparte con todos, sin tener que mirar de reojo por si el de al lado te mete el tenedor en plato y te quedas sin comer. ¿Pillas el concepto no?
Pues esto no acaba aquí. Si esa es tu mesa, considera que los demás tienen las suyas propias y que a lo mejor, en sus mesas no quieren sitio para tu silla. Tan malo es esperar sujetando la silla para que te hagan hueco y sentarte, como esperar de pie mientras los que están sentados se ríen.
Qué dice de esto la psicología.
Ya que me lo preguntas (guiño, guiño), en psicología hay numerosos conceptos relacionados con esta teoría, y ahora te los cuento para que les vayas dando una vuelta:
Concepto de “Locus de Control”: es el grado en que una persona cree que tiene el control sobre los eventos de su vida. Si nos referimos al control externo, es cuando dejamos que otros, como Ms. Croqueta, decidan dónde nos sentamos. Esto se da cuando piensas que tu valía depende de etiquetas ajenas. Esto, según con la teoría de la mesa, es una herramienta poderosa ya que al reclamar tu silla y decidir quién entra en tu mesa, estás declarando que tú eres quién decide tu destino y tu propia validación personal.
Teoría de la Comparación Social de Festinger: este majete señor propuso que los seres humanos tenemos una tendencia innata a compararnos con los demás. El problema no es en sí la propia comparación, el problema es que nos comparamos con personas de mesas equivocadas; gente con mucha seguridad en sus pocas capacidades y que, al no poder comprender su juego, puede hacer que tu autoestima sufra. Si identificas el patrón y te percatas de que esa persona no tiene sitio en tu mesa, estableces el límite y te liberas de la gente tóxica.
El efecto Pigmalión y la Profecía Autocumplida: D. Salvador con sus gritos, intentaba ejercer aquello que en psicología se llama “una profecía autocumplida”: si le dices muchas veces a alguien que “no es nadie”, es más probable que esa persona interiorice esa etiqueta y actúe como tal.
La validación externa frente a la autovalidación: muchas personas pasan su vida intentando sentarse en mesas de élite o de poder para que alguien les diga “ya eres alguien”. La psicología moderna dice que la verdadera salud mental llega cuando dejas de buscar la aprobación de los invitados y te das cuenta de que el valor reside en la propia mesa, es decir, en la que tú decides que es lo que para ti vale la pena.
Ejemplos de personas en la mesa equivocada.
Para que no veas que estás solo en la mesa en que te sientas y que más gente, a lo largo de la vida, se ha sentado en mesas equivocadas, te cuento unos pocos:
El caso de Mozart: demasiado ruido.
Tras estrenar El rapto en el Serrallo, el emperador José II de Austria le soltó una frase que quedaría para la posteridad: “demasiadas notas, mi querido Mozart”. Le asignaron silla en una mesa que no le quería como el compositor que fué, le querían como el músico servil que debía componer lo que el cuñado de turno quería. No es que él no encajara, es que su mesa era de otra época, el componía para el futuro.
El caso J.K. Rowling: demasiadas páginas.
Fue rechazada por doce editoriales cuando presentó su manuscrito. Una de las respuestas fue: “no te hagas ilusiones, no ganarás dinero con los libros infantiles”. Quería un sitio en las mesas equivocadas, le daban la silla de fracasada y desempleada que debía buscar un trabajo de verdad, pero demostró que podía crear su propio comedor y obligar a sentarse a las editoriales.
El caso de Benson Boone y American Idol.
Se presentó a American Idol en 2021. Los jueces quedaron fascinados con él y le dieron “el pase de oro” considerándolo uno de los favoritos para ganar, pero él no estaba satisfecho y abandonó de forma voluntaria el programa estando entre los 24 mejores. Él decidió que esa no era su mesa, y se percató de que el formato del programa no le permitía ser el artista que él quería ser, así es que decidió estar de pie y fuera del programa para construir de cero su propia mesa.
Conclusion.
No te rodees de idiotas. Puedes reírte, pero analízalo. Todos a veces nos rodeamos de idiotas, hay algunos con los que no vas a poder hacer nada porque son gente con la que cohabitas por algún motivo, como un vecino por ejemplo. Ahora bien, a los que puedes elegir, no los sientes en tu mesa, tu decide que sillas quieres dejar libres para aquellos que si que suman y tienen algo que aportar. De ese modo podrás tener una vida en modo sobremesa constante y ese, querido lector, es el mejor de los presagios.





Coge una silla y siéntate en el suelo