Te doy la bienvenida a Pizkita7.com, una newsletter sobre psicología, filosofía práctica y el arte de mantenernos enfocados para construir una vida con propósito.
A lo mejor a ti que me lees, esto te ha pasado en alguna ocasión. Como bien se dice muchas veces, solo podemos causar una primera buena impresión, y de eso quiero hablar, de las impresiones que terceros se hacen sobre nosotros. Llegas a un nuevo empleo, al instituto, a la universidad y casualidad casualidosa, ese día has dormido mal, no te ha dado tiempo a peinarte como te gusta, ni a maquillarte para tapar las ojeras que puedes afectar a esa primera impresión de la que hablábamos antes y zas… ahí tienes una supuesta nefasta carta de presentación a ojos del resto.
¿Y esto dice mucho de ti?, buenas noticias: no del todo.

1.- Sesgo fundamental de atribución y la psicología del cerebro.
De sesgos ya hemos hablado en ocasiones anteriores, por lo que si quieres ampliar información respecto a este concepto, date una vuelta por mi blog y curiosea, es mejor que hacer scroll infinitivo en Instagram!
Al lío, que me pierdo. El sesgo de atribución hace referencia a nuestra tendencia a atribuir el comportamiento de los demás a su personalidad o forma de ser, mientras que justificamos nuestras propias acciones debido a las circunstancias.
Para que se entienda mejor te lo ilustro con un ejemplo:
Vas al trabajo tranquilamente y un coche te adelanta a gran velocidad otro vehículo, de manera brusca y sin poner el intermitente, obligándote casi a frenar en seco.
El sesgo se activa y automáticamente piensas ¡menudo imbécil! seguro que se cree el dueño de la calle, es un payaso. Como ves, en este momento estás atribuyendo su comportamiento a su personalidad.
Por el contrario, eres tu quién va a toda prisa y ejecuta el mismo comportamiento que mencione anteriormente, pero claro, ya no lo atribuyes a que seas un imbécil, piensas “vaya susto, pero es que mi hijo se ha puesto malo en el colegio y voy con el tiempo pegado al culo, casi no he visto ese carril”. En este caso justificas la acción debido a las circunstancias del momento.
A donde quiero ir a parar, es que por medio de este sesgo, los terceros juzgan tu historia buscando un rasgo de tu personalidad porque mentalmente es para ellos más fácil, ignorando por completo el abanico de circunstancias invisibles que te pueden rodear.

2.- El sesgo de confirmación y el efecto “puzzle incompleto”
Nuestro cerebrito no tolera la incertidumbre, le produce angustia. Cuando nos cuentan una historia a medias o vemos un comportamiento aislado, nuestra mente necesita cerrar el círculo y sentir que de verdad comprende lo que sucede.
Una vez que el sesgo de confirmación se activa, buscamos activamente información (o inventamos los detalles") de modo que refuercen la opinión que ya nos hemos formado de forma apresurada. Como los terceros no tienen toda las piezas, su cerebro coge dos o tres datos superficiales que ven y rellenan los huecos con sus propios prejuicios, miedos o proyecciones. Opinan de una historia que no conocen porque su mente ha fabricado una versión ficticia que sí creen comprender.

3.- La falacia del espectador y el “efecto Dunning-Kruger” de la vida ajena
Cabe la pena mencionar que existe una falsa sensación de omnisciencia cuando estamos en la posición de observadores. Cuanto menos sabemos de un tema o de una situación compleja, más fácil nos resulta opinar con rotundidad. Cuando tu vida se ha desarrollado en las cuatro paredes de tu casa y sin salir de un pueblo de 5 habitantes, todo lo que se salga de lo que tu entiendes como “normal”, va a ser siempre algo con tendencia a criticar.
El efecto Dunning-Kruger se refiere a juzgar sin ponerse en los zapatos de la otra persona. La ignorancia sobre la realidad del otro es tan profunda, que les otorga una falsa y peligrosa seguridad para dar consejos no pedido o emitir juicio severos, con una seguridad en sí mismos proporcional a lo lamentable que es su opinión en general sin ningún tipo de conocimiento.

4.- Conclusión.
Supongo que no puedo cambiar cómo la gente piensa, ni tampoco cómo habla de los demás. Tampoco el que la gente deje de juzgar sin conocer. Lo que si que puedo hacer es informarte de los sesgos usados por tu cerebro para llegar a la información que necesita, sea veraz o no, y tú José Luis, puedes aprender a no juzgar a los demás asumiendo que es su personalidad cuando pueden ser causas aisladas e inconexas.



