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Acabo de recoger las dos habitaciones que quedaban y ahora si, ya es oficial, estoy a tres noches de irme de lo que ha sido mi casa la mitad del mes durante los últimos tres años. Levanto la vista de la pantalla y observo todo lo vivido aquí dentro, como si de una película se tratara, solo que de esa película yo soy la única protagonista.
Cuántas batallas libradas en soledad aquí dentro, cuántos aprendizajes introducidos a calzador, cuántas noches de ansiedad y nervios que me encogían desde el estómago. ¿Y ahora? ahora todo ha quedado reducido a habitaciones vacías y lienzos en blanco. Aquí inicié mi andadura en la psicología, aquí analizo mi propio comportamiento desde diferentes puntos de vista y trato de hacer introspección para no cometer los mismos errores de nuevo. Con quién más acostumbro a hablar de estas cosas es con mi amiga Laura.
La semana pasada, en una conversación aleatoria, ella mencionó que durante el estudio de su grado en Biología, estudió la asignatura de antropología. Esto me llevó a pensar que hace no mucho, estuve bastante enganchada a los argumentos de la antropología a los que, inconscientemente, relacioné con la psicología social y de eso te quiero hablar hoy. Quédate y te lo cuento.
1.- El sentido de pertenencia al grupo: antropología y psicología social.
Antes de que pienses que esto va a ser una tostada, te invito a que te sientes con la mente abierta frente a la pantalla y te relajes, que pronto vas a entender el motivo de mi conexión mental entre ambas disciplinas.
En ambas disciplinas, tanto la antropología como la psicología social, se analizan los grupos. En la antropología cultural, se realiza un análisis del grupo como estructura de supervivencia y cultura compartida. Los antropólogos han documentados como a lo largo de la historia, el ser humano ha necesitado de rituales, símbolos y un clan para dar un significado a su propia existencia. La pertenencia aun grupo, no es solo algo que el individuo prefiere elegir, es el marco que define quién es dentro de un mapa social, tal como los ritos de paso, el parentesco, una tribu urbana o académica… ya me entiendes.
Cuando abordamos el tema desde el punto de vista de la psicología social, se traslada la necesidad de pertenencia a la que hacíamos mención, a nivel de los procesos mentales y emocionales de la propia persona. Aquí se puede tener en cuenta la constatación empírica de que nuestro sistema nervioso está programado para experimentar el aislamiento o la expulsión del grupo como una amenaza física real, es decir, activando la mismas zonas cerebrales que el dolor físico.
2.- Cómo afectan la psicología social y la antropología a tu vida diaria.
Por que claro, tu me estás leyendo y piensas “esto no tiene nada que ver conmigo”, pero te equivocas Jose Luis, déjame que continúe. En psicología social nos hablan de los conceptos de endogrupo, es decir, el grupo al que pertenezco, y exogrupo, o lo que es lo mismo, lo que está fuera del grupo al que pertenezco. Vamos a simplificar esto haciendo un paralelismo con una clase de colegio.
Cuando pensamos en una clase de colegio, podemos tener un mapa como el siguiente:
Grupo de alumnos que estudian más (endogrupo de la autoexigencia): que suelen sentarse en las primeras filas o en corrillos silenciosos donde se repasan apuntes. Desde la antropología, a estos se los consideraría los “guardianes de la alta cultura”. Custodian el saber, los códigos oficiales y las normas de la propia institución. Si lo miramos desde el punto de la psicología social, su cohesión se basa en el rendimiento, en la necesidad de una validación académica. Buscan mantener su propia autoestima a través del éxito y se aíslan del resto porque perciben al “exogrupo” (los que no estudian) como una amenaza a sus propios objetivos.
Grupo de alumnos que estudian menos (un grupo adaptativo intermedio): son los que viven surfeando la marea, intentando buscar el equilibrio entre aprobar y socializar.
Grupo de los que directamente no estudia (la tribu de la resistencia): ocupan las últimas filas. Antropológicamente hablando, han creado una contracultura dentro del propio aula. Tienen sus propios rituales como el cachondeo, llegar tarde, despreciar la autoridad del profesor… no validan el sistema establecido y montan su propio sistema paralelo e informal.
Ya te habría venido a la mente un grupo de personas que formaba parte de esa catalogación, tranquilx, a la mía también. Cuando tu formas parte de un grupo, ese grupo tiene unas dinámicas interna y externas. Lo que forma parte de tu propio grupo, es lo que anteriormente denominé el endogrupo y lo que es para con los otros grupos, forma parte de las dinámicas del exogrupo. ¿Me sigues?.
La cosa es, que si eres alguien un poco curioso, puedes llegar a la siguiente cuestión: ¿por qué todas las personas que forman parte de cada uno de sus grupos, se mimetizan con sus valores? ¿son todas las personas iguales dentro del grupo? la respuesta es no. El grupo, como unidad, tiene un comportamiento predecible, pero a nivel individual, cada uno de los componentes sería muy complicado de predecir.
En el caso del grupo de los que no estudian, es decir, el tercero de los grupos, muchas veces está conformado por los perfiles más vacíos intelectualmente, a menudo cruzados con rasgos narcisistas o manipuladores que acaban secuestrando de algún modo las dinámicas del grupo. La psicología social y la antropología también tienen explicación para esto.
3.- ¿Por qué las latas vacías hacen más ruido?
El monopolio de la atención es, según la psicología social, lo que marca el contraste. En un entorno monótono o enfocado a realizar un esfuerzo como es estudiar, escuchar al profesor o trabajar, el cerebro humano está programado evolutivamente para prestar atención al estímulo disruptivo y escandaloso. Un alumno que irrumpe con gracias, que desafía a un profesor o que monta un drama innecesario, activa el foco de toda una clase. Hace ruido, pero el contenido de lo que aporta es nulo.
Ese tipo de personas, necesitan desesperadamente ser el centro de atención, o lo que es lo mismo, el suministro narcisista. Son conscientes de que no destacan por una excelencia académica o profesional (lata vacía), destacan por la vía del poder informal. Se convierten en líderes de la última fila, los que ridiculizan al “empollón” para proteger su propia inseguridad y obligar al resto a que les ría las gracias.
Según la antropología, en cualquier grupo humano bajo presión, como puede ser la época de los exámenes, el clan tiende a buscar chivos expiatorios o a ceder el poder de portavoz al más ruidoso por una cuestión de supervivencia social. Nadie se quiere enfrentar al manipulador de una clase por miedo a convertirse en su próximo objetivo, y por ello un grupo minoritario pero estridente, termina controlando el clima emocional de un aula entera. Y eso, sin tener en cuenta las propias necesidades de las personas como baja autoestima o necesidad de pertenencia.
Todos nos sentimos evolutivamente atraídos por el sentido de pertenencia a un grupo y esa necesidad nos lleva a pertenecer incluso al grupo que menos nos conviene, porque pensar en no tener grupo, es peor que quedarnos en el grupo de los que no estudian.
4.- El terror al destierro: el sentido de pertenencia como instinto de supervivencia.
Nuestro cerebro actual sigue operando con el software prehistórico. En esa época, ser expulsado de la tribu significaba una muerte segura a manos de los depredadores o de los elementos.
Cuando un líder ejerce control y marca una directriz absurda o injusta, los miembros del grupo sufren una tremenda disonancia cognitiva, es decir, un choque entre lo que piensan y lo que ven. Sin embargo, el miedo a ser excluidos en tan potente, que el cerebro prefiere autoconvencerse de que tampoco es para tanto antes que arriesgarse a decir lo que piensa y ser expulsado. Para nosotros, los seres humanos, es psicológicamente más sencillo ceder ante la tontería colectiva que soportar el dolor del aislamiento.
Esto que te cuento no es algo que yo me haya inventado, Asch hizo un experimento relacionado con el conformismo en que la mayoría ciega siempre va a poder con el más cuerdo. En los años 50, Solomon Asch reunió a un grupo de personas que eran cómplices del investigador y a un sujeto real. Les mostraba líneas de diferentes tamaños y les hacía una pregunta muy obvia: “¿Cuál de las líneas es más larga?”.
Los cómplices, de forma coordinada, daban una respuesta claramente errónea, y el sujeto real, que veía perfectamente la verdad, terminaba respondiendo lo mismo que los demás por no sentirse el bicho raro. Te lo ilustro como ejemplo en el siguiente vídeo de la serie Merlí.
Si esto lo trasladas a otros escenario de masificación ideológica, el mecanismo es idéntico. El coste social de llevar la contraria al líder o al consenso del grupo es tan alto, que la gente prefiere suspender su propio criterio crítico. El pensamiento crítico exige un esfuerzo individual y valiente. El conformismo, por el contrario, ofrece la comodidad de la protección inmediata del rebaño, aunque el mismo se dirija a un pozo oscuro y lleno de mierda.
5.- Conclusion.
Cómo alguien muy sabio me dijo una vez no hace tantos años “vale más ponerse una vez rojo, que veinte colorado”, por lo que eso mismo te traslado yo aquí. A veces el rebaño sigue a la persona que menos capacidad tiene, el precio que pagas por mantenerte en el endogrupo es demasiado elevado en comparación con lo que te puedo ofrecer cualquiera de los otros grupos del exogrupo, pero, en cualquier caso, la seguridad en uno mismo y su capacidad son la mejor guía, a no ser que seas un tonto motivado, pero de estos, ya hablaremos otro día.
6.- Dedicatoria.
Esta entrada es particularmente especial para mí, es la última que redacto desde Cantabria, por lo que quiero dedicarla a todas las personas que habéis hecho más sencilla mi vida aquí dejándome pertenecer al grupo, con especial atención y cariño a: Laura, Raúl, Monty, Vega, Lande, Luis, Edu y Roger. GRACIAS, os voy a echar mucho de menos.




