Un día de mierda convertido en verano.
Llevo un tiempo pensando sobre qué escribir. Acabé los exámenes y hoy está siendo un día de mierda. Se ha vuelto a instaurar la distancia como modo de relacionarme con el mundo, lejos de mis libros y mis cosas que aprender.
He madrugado, tenía absolutamente nada que hacer y, posteriormente, otro poco de nada más que añadir, como si el primero fuera poco. Luego he organizado la semana, con todo lo que quiero hacer de deporte, porque el plan es el deporte y el leer el libro de el Camino del Artista pero dedicándole el tiempo que merece. No he podido evitar preguntarme ¿qué hace la gente que no hace nada?
Es necesario aprender a aburrirse
Siempre nos dicen que es necesario aprender a aburrirse, pero no tengo la certeza de que yo sepa cómo se hace eso, es decir, ¿aburrirse?, en lo que va de día he descargado unas 50 sesiones de entrenamiento para meter al Garmin, creado unas 30 recetas en la app de Notas y organizado lo que voy a leer esta semana, y eso antes de las 11.
Finalizada la serie de Merlí, me he puesto con la parte 2 que se encuentra en Netflix. No es muy larga, pero está entretenida la verdad. Lo siguiente que tengo planeado es leer a Sherlock, tras acabar los 8 minutos que quedan de capítulo. Supongo que necesito viajar, aunque sea mentalmente, a un sitio que me aleje de la soledad y el hastío que rodean las cuatro paredes de este lugar en que mi única compañera de piso es la más profunda de las soledades.
Tras todo lo anterior, me ha dado a mi por pensar. Llevo varias semanas sin descanso entre mis libros universitarios para sacar adelante el cuatrimestre. Me merezco paz, tranquilidad y serenidad para disfrutar de otras cosas que me llenen, tales como leer un buen libro o ver del tirón todas las películas de Harry Potter, pero mi pregunta es ¿por qué no soy hoy capaz de disfrutar y me siento frustrada conmigo misma?
Dónde me han llevado mis indagaciones.
Creo que el problema principal no es que no sepa aburrirme, creo que no se vivir sin objetivos por cumplir. No se vivir sin una meta, y no entiendo que leer un libro por placer no es lo mismo que leerlo por un examen. Creo que no he aprendido a descansar y debe ser esa la gran tarea autoimpuesta para este verano. ¿Vuelvo a caer en un objetivo a cumplir?
Me ha dado por curiosear y ver qué hacían otras personas para desconectar de sus metas y objetivos:
Charles Darwin, tan mencionado en mis apuntes de psicología, paseaba muchas horas por el mismo sendero entorno a su casa.
Virginia Woolf caminaba mucho y cuidaba de su jardín.
Ludwig Wittgenstein encontraba alivio alejándose de los círculos intelectuales y trabajando con las manos.
Albert Einstein tocaba el violín.
Friedrich Nietzsche era un caminante compulsivo, decía que las ideas más valiosas le llegaban mientras caminaba.
Si observas, existe un patrón: movimiento, naturaleza, arte, rutina y actividades manuales. Muy pocos descansaban consumiendo información de forma constante.
Y ahora, ¿cuál es el plan?
Aunque resulte extraño, creo que el plan es tener menos planes. Levantarme en la mañana y disfrutar de escribir unas lineas en mi diario, para posteriormente salir a caminar por un sitio bonito o visitar un sitio en que nunca estuve. Quizás aprender a cocinar, no a sobrevivir en la cocina haciendo malabares entre posibles llamadas, estudios, horarios de trabajo y la vida.
Quizá sea el momento de aprender a cocinar arroz meloso, de caminar por la playa de Laredo descalza disfrutando de la arena húmeda bajo mis pies. De sentarme en una terraza a disfrutar de la compañía de personas a las que espero poder decir que echo de menos dentro de poco.
Quizá y solo quizá, aquí dentro ya haya llegado ya el verano.






